martes, junio 12, 2007

EL QUE NUNCA FALLA

"...Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas."
(Josué 23:14, NVI)

Me encanta esta cita porque contiene un verdad impactante, como todas las de Dios: que Él es siempre fiel y jamás falta a Su Palabra. Así que si el Señor alguna vez te ha hablado por medio de Su Palabra, de las circunstancias, de otras personas o de cualquier otro modo, aférrate a lo que te dijo y no lo sueltes. Esa Palabra va a hacerse realidad en tu vida porque Dios es un creador de realidades que transforma entornos para que Su verdad se convierta también en realidad.

Sé que tú y yo a veces creemos solamente en lo que vemos y, al igual que Tomás, al obrar de esta manera estamos por fuera de la voluntad de Dios en cuanto al ejercicio de la fe se refiere. La certeza de lo que se espera parte de entender la naturaleza de Dios y de comprender que aún "si somos infieles, Él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo" (2 Timoteo 2:13, NVI). Esta es la razón de por qué podemos contar con que Él cumplirá sin falta Su propósito en tí y en mí.

Lo nuestro simplemente es confiar y esperar en Él.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN




lunes, junio 04, 2007

LA VERDAD DE LA PRUEBA

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”
(Isaías 43:1-2, RV60)


Esta mañana mi esposa y yo fuimos ministrados tremendamente por el Señor a través de una persona muy cercana, y lo que aprendimos es algo digno de compartir. Nos habló de Daniel y su paso por el horno de fuego. La historia está en Daniel 3 y relata que cuando el profeta y sus compañeros se negaron a adorar la estatua de Nabucodonosor fueron arrojados como castigo al horno de fuego y aún quienes los alzaron murieron calcinados. Sin embargo, ellos salieron intactos y sin oler siquiera, demostrando la contundente veracidad de aquella poderosa respuesta que le habían dado al rey: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará” (v.17). Cualquier otro habría salido calcinado, pero no Daniel y sus amigos. Ellos contaban con el favor de Dios. Y Dios no prometió evitarles el paso por el fuego, pero sí librarlos de una muerte segura. Dentro del horno experimentaron altas temperaturas, y sabe Dios qué otro tipo de sensaciones de ahogo, sofoco, en fin...lo cierto es que el Señor no les evitó la prueba, pero los sacó victoriosos de la misma.

A veces como creyentes cometemos el error de pensar que no experimentaremos dificultades. Pensamos que una vida victoriosa está quizás exenta de sufrimientos y momentos adversos. Pero eso no es lo que dice la Palabra. La cita de Isaías con la que empezamos esta reflexión garantiza que vamos a vivir tiempos en los que vamos a sentirnos con el agua hasta el cuello...pero el Señor estará con nosotros, y los ríos no nos anegarán. Aún en estas circunstancias no pereceremos ahogados sino que saldremos a flote. Nos sentiremos al límite de nuestras fuerzas, pero sobreviviremos.

Lo mismo dice la cita con respecto al fuego. No nos quemaremos, aunque sintamos que estamos por hacerlo. Hay y habrá circunstancias en las que sintamos que nos estamos quemando pero el Señor nos sacará al otro lado. Otros terminarán achicharrados en circunstancias como las nuestras, pero nosotros no. Saldremos adelante.

Las Escrituras también nos garantizan que habrá momentos tan duros que el salmista dijo “aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmos 23:4). La constante es la misma: la presencia de Dios jamás nos abandonará. El entorno puede ser diferente, Dios no: Él siempre será el mismo. Poderoso y amoroso.

Ese es el Dios en quien confiamos. Y cuando entendemos que ser sus hijos no es garantía de que no atravesaremos por malos momentos, sino de que contaremos con Él a cada instante, aprendemos a aceptar los tiempos de prueba como tiempos de propósito en el proceso de formación que Dios tiene para nosotros. Es parte del precio que tenemos que pagar, simple y llanamente. Lo importante es que recordemos que siempre hay un nuevo amanecer en Cristo y, como me dijo un pastor ayer, “recuerda: los mejores tiempos están por venir”.

El Dios a quien servimos puede librarnos del fuego ardiendo, y de toda mano nos librará. Confiemos en Él.

Con el amor de Cristo,

JORGE HERNÁN

martes, mayo 29, 2007

EL MUNDO VA

"No se mezclen con las naciones que aún quedan entre ustedes. No rindan culto a sus dioses ni juren por ellos."
(Josué 23:7, NVI)


Titulé esta reflexión con el nombre de una hermosa canción que oí entonar a un coro juvenil el domingo pasado. Es una canción habla de la fuerza arrolladora de la presión de grupo, que muchas veces nos lleva a pensar como los demás, hablar como los demás, obrar como los demás. Fácilmente la cultura nos envuelve y nos cuesta luchar contra la corriente, nos falta determinación para pararnos en la brecha y mostrar que somos excelentemente diferentes.

Son tiempos de realidades virtuales, y el virtualismo nos ha enseñado a romper ciertas fronteras que jamás debimos romper. Los juegos interactivos de hoy nos permiten experimentar virtualmente sexo y violencia ilimitados, mientras nos mantenemos en la apariencia de vidas respetables porque creemos que realmente solo estamos jugando. El problema es que nos empezamos a desensibilizar y por extensión trasladamos este enfoque a nuestra vida cotidiana como si se tratara de un simple juego. Entonces lo que antes nos parecía grave y pecaminoso nos deja de parecerlo, e imitamos conductas reprobables que vemos en los demás simplemente porque "todo el mundo lo hace".

La advertencia del Señor en el sentido de no mezclarnos sigue siendo válida hoy, aquí y ahora. No mezclarnos significa ser radicales, que es muy diferente a ser fanáticos religiosos. Implica vivir vidas íntegras, sin dobleces, fragmentaciones ni fracturas aunque sintamos que la corriente nos empuja en determinada dirección. Supone cumplir el mandato aquel de esforzarnos y ser muy valientes porque se necesita valor para ser discípulos de Cristo y testimonios de vida en un medio hostil. Si a veces mantenemos nuestra condición de cristianos en secreto es quizás por lo difícil que nos resulta asumirla cuando todo nuestro entorno tiene la mirada puesta en otros dioses. Es complicado pararse en la brecha y no ir "donde va Vicente".

Pero Jesucristo de Nazareth nos llama a otra cosa, a atrevernos a ser diferentes. En una sociedad donde los homosexuales están "saliendo del closet", donde grupos extremistas como los nazis lo hacen sin ningún resquemor, donde las minorías de cualquier naturaleza proclaman con orgullo su diferencia, muchos cristianos estamos guardando un penoso silencio y mimetizándonos como los demás.

¿Qué vas a hacer hoy al respecto?

Bendiciones,


JORGE HERNÁN

lunes, mayo 21, 2007

LEVÁNTATE

"Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado" (Lucas 17:19)

Levántate.

Es lo que hoy te dice el Señor. No importa que no seas un minusválido desde el punto de vista físico. Quizás la limitación sea más bien emocional. Talvez seas una persona común, con vacíos y carencias que tratas de suplir de muchas maneras, llenando tu agenda de actividades o tratando de rodearte de la compañía de varios amigos, o haciendo más cosas de las que realmente puedes.

Pero en tu corazón estás postrado. Agobiado. Abatido. Cansado. Probablemente desanimado. Y necesitas de la fortaleza de alguien que te ayude a levantar y te sostenga. Alguien con la capacidad no solo de animarte sino también de apasionarte. Alguien que de verdad se interese por tí y quiera verte bien.

Ese alguien se llama Jesús de Nazareth. De pronto lo conoces bien, pero Él te conoce perfectamente, aún en lo más profundo de tus pensamientos. Y quiere verte feliz y sonriente, como siempre Lo soñó. Está muy cerquita de tí, y te susurra al oído:

Levántate.

lunes, mayo 14, 2007

VISIÓN PROFUNDA

“...no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
(2 Corintios 4:18, RV60)

Dice la Palabra que Dios que Él puso en nuestros corazones un sentido de eternidad (Eclesiastés 3:11), justamente el que necesitamos para tener una mejor apreciación de la vida y aprender a verla como Él la ve. La naturaleza carnal, sin embargo, con frecuencia nos empuja a fijarnos en lo temporal, en lo pasajero...por eso nuestras preocupaciones cotidianas se anclan fácilmente en la situación financiera que estamos viviendo, un problema de salud, una crisis matrimonial, un conflicto con nuestros hijos, en fin, tribulaciones momentáneas que lo que hacen es producir en nosotros “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:18).

Lo que quiero decir es que las batallas que hoy enfrentamos no deben verse como el eje de nuestra vida, sino como un campo de entrenamiento; no como una condición a la que debemos resignarnos sino como una situación temporal que estamos llamados a superar.

Es cuestión de visión, a lo que el Señor nos está llamando es a ver nuestras luchas cotidianas como el las ve, sacándonos por completo del modo mundano de enfrentarlas.

Cedo la palabra a mi querido hermano Jeff Bueno, quien me envió hace poco esta valiosa reflexión por correo:

“¿Hemos tenido luchas? ¡Qué bueno! Porque Dios sabe que necesitamos ejercer nuestra fe, que necesitamos ejercer lo que Él nos ha dado, porque los justos serán los que tendrán muchas pruebas...no una, sino muchas.

“Hace poco escuché a un apóstol decir que vienen cosas nuevas, tiempos diferentes,
tiempos donde tendremos que estar preparados para enfrentar, para vencer, y Dios
nos ha estado capacitando. Por eso sé que la lucha de hoy, es por causa de la victoria de mañana, no solo mi victoria sino la de los millones que vienen tras de mí, es importante parar y mirar, para ver que es por causa de ellos que nostros estamos acá.

“No es tiempo de perder el tiempo, y hay muchas cosas que nos ayudan a perderlo pensando que están bien, que estamos bien, que hemos hecho lo mejor.

“Dios dice: NO, es tiempo de caminar, de conquistar, de poner por obra nuestra fe. Es tiempo de dar lo excelente, no simplemente lo mejor, porque lo que Dios te ha dado a ti y a mi no es lo mejor, es lo excelente, es a su Hijo.

“Así que te invito a salir de tus problemas y mirar los problemas del mundo, de los jóvenes, de las madres, de las naciones, porque cuando le creemos a Dios y dejamos a un lado nuestra vida por causa de los demás, entonces el Reino y Su Gloria de manifestarán.

“Deja de pensar en ti. No es por ti. Es por ellos, como Él por nosotros.

“¡¡¡¡¡¡ El Reino de Dios opera cuando hay una muerte de ti mismo.!!!!!!!.

“Deja de ver con ojos pequeños y mira con visión eterna!”

Estas palabras me animan a pensar en que debo buscar la dirección de Dios para mi vida, no perderme en senderos que no llevan a ninguna parte, sino mantener los ojos puestos en Él y pedirle que guíe cada uno de mis pasos para que yo pueda así cumplir Su buena, agradable y perfecta voluntad, entendiendo que después de formarme en el campo de entrenamiento tengo que salir al verdadero campo de batalla para alcanzar a otros para Cristo, para extender el Evangelio del Reino al lugar donde Dios me ha sembrado (mi familia, mi empresa, mi universidad, mi colegio, mi barrio) y más allá...a las Naciones.

Al atravesar por momentos difíciles solo puedo pensar tres cosas: primero, que necesito experimentar la confianza de que Dios se está haciendo cargo de todo; segundo, que hay un propósito por el cual el Señor me está permitiendo vivir aquello por lo que estoy pasando; tercero, que Él tiene en mente cosas grandes y la preparación que hoy estoy enfrentando, como dice Jeff, no es por mí, es por ellos y por causa del Reino.

Hoy te animo a buscar la dirección de Dios y a pedirle una nueva visión que te posibilite enfrentar las circunstancias adversas de una nueva manera.

La bendición del Señor esté contigo hoy y siempre,

JORGE HERNÁN

miércoles, mayo 09, 2007

MANJAR DE VIDA

"Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos."
(Jeremías 15:16, RV60)


No sé cuáles sean tus hábitos alimenticios pero estoy seguro de qe los tienes. Algunos comen tres vecs al día, según aprendieron desde niños; otros ingieren alimentos ligeros entre las comidas principales; algunos más comen cada dos horas. En fin, el cuerpo necesita nutrirse y nuestros hábitos en cierta manera responden a las demandas del organismo.

Pero la Escritura nos enseña que "no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4). Es evidente por lo tanto que necesitamos nutrirnos espiritualmente de lo que nos enseñan las Sagradas Escrituras, y cuando vamos a ellas en busca de alimento guiados por el Espíritu Santo, encontramos allí todo cuanto nos hace falta. Po algo el Señor dijo enJuan 5:39: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

Pues bien, el proceso de comer tiene por lo menos tres partes: masticar, saborear y digerir. Primero masticamos para hacer el alimento digerible, así que al procesarlo tenga una consistencia que podamos asimilar; luego, o más bien, simultáneamente, degustamos el bocado para experimentar toda la plenitud de su sabor, y finalmente lo digerimos. Si es un alimento suave y agradable, decimos que nos cae bien.

Con la Palabra ocurre lo mismo: primero debemos masticarla. Leemos una porción de la Escritura, luego la releemos en voz alta y pausada y luego volvemos a leerla palabra por palabra resaltando o subrayando lo que nos llamó la atención. Cuando hemos entrado en la presencia del Señor, encontramos que Él nos empieza a hablar y con frecuencia nos va a dar una nueva revelación sobre lo que estamos leyendo, así hayamos recorrido cientos de veces el mismo pasaje. A medida que la voz del Espíritu refresca nuestro ser, vamos adquiriendo un nuevo discernimiento sobre lo que Dios nos está diciendo o mostrando. La Palabra adquiere una nueva consistencia y comprendemos con claridad el mensaje. Estamos masticando.

Pero también saboreamos. Salmos 34:8 nos dioce "Gustad y ved que es bueno Jehová...". Simultáneamente con el masticado, estamos degustando la Palabra de Vida, nos deleitamos en ella, la saboreamos le sacamos el gusto...Recuerdo una ocasión en que estuvimos predicando durante cerca de cuatro meses sobre Marcos 11:24, ¡¡¡ le sacamos toda la sustancia que pudimos al pasaje y disfrutamos todos los matices que Dios nos fue revelando sobre el mismo !!!. Degustar la Palabra es una experiencia poderosamente enriquecedora...gozo y alegría para nuestro corazón.

Y finalmente, digerimos. La Palabra trasciende el nivel intelectual y empieza a hacerse vida en nosotros. Entonces podemos compartir de ella con entusiasmo y convicción profunda, porque Dios nos ha hablado.

Es un manjar exquisito, no lo dejes servido. Si no comes del banquete, habrá otros que serán llamados a participar de él. Los que son conscientes de sus carencias, de sus vacíos...los que saben que su hambre y sed espiritual solo pueden ser saciadas por el Santo, el Poderoso, el que vive y reina y nos habla hoy y siempre a través de la Biblia.

Disfruta la mesa que Dios ha dispuesto para tí hoy.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

domingo, abril 08, 2007

RESUCITÓ

"Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho"
(Juan 2:22, RV60)

No sé si te has dado cuenta de la gran diferencia que existe entre adorar a un Dios vivo o a uno muerto, pero en estos días en los que el mundo occidental rememora, siguiendo la tradición católica, la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, se ha insistido en que este es uno de los aspectos cruciales que marcan la gran diferencia entre el cristianismo y la mayoría de las religiones.

En efecto, Jesucristo es un Dios vivo. Podemos relacionarnos con Él de una manera real y personal porque vive, así que cuando oramos no estamos simplemente realizando un ejercicio de catarsis o desahogo interior sino que estamos de hecho interactuando con Alguien que es absolutamente real y mucho más lleno de vida que tú o yo porque Él mismo es La Vida.

Saber que Jesús resucitó y que esta es una verdad histórica pero actual nos debe permitir movernos en una dimensión diferente en la relación con Él, bien distante de los rituales vacíos y conmemorativos de algo que ocurrió en un lugar muy remoto y en una época ya muy lejana para trasladarnos al eterno presente en el que Dios vive y desde el cual se relaciona contigo y conmigo.

Resucitó, aunque el mundo se empeñe en dejar de lado esta realidado, increíblemente, aún de negarla. Jesucristo de Nazareth, mi Señor, tu Señor, vive pues hasta en Su resurrección fue fiel a Su Palabra y lo sigue siendo. Y hoy anhela que tú y yo nos acerquemos a Él, le reconozcamos y nos decidamos a emprender la aventura de conocerle. Y seguirle. Y amarle. Y servirle. Ese es realmente el verdadero desafío de nuestra generación. Yo quiero aceptarlo, ¿y tú?

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, abril 02, 2007

ARIMATEAS Y PABLOS

Las Escrituras nos presentan dos prototipos antagónicos de los discípulos de Jesús. De un lado, los seguidores secretos como José de Arimatea; de otro, los que abiertamente proclamaban Su mensaje, como Pablo.

Del primero dice la Biblia que era un miembro noble del concilio, que era rico, y también que era bueno y justo. Solo tenía un inconveniente: que ocultaba su fe “por miedo de los judíos” (Juan 19:38). Del segundo, el apóstol de los gentiles, dice que estuvo encarcelado, fue azotado y apedreado varias veces y pasó grandes dificultades (véase 2 Corintios 11:16 y siguientes). Sin embargo, hasta su muerte, hizo pública su fe y fue quizás el principal artífice humano de la expansión del cristianismo en los primeros años de nuestra era.

En el tránsito está Pedro, uno de los hombres más cercanos a Jesucristo, quien después de negarlo tres veces fue restaurado por el Señor y pasó a compartir el mensaje de salvación con denuedo. Cuando a Pedro y Juan se les prohibió hablar de Jesús a las multitudes, respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19b-20). De hombres como estos, que se sostuvieron en su fe a pesar de la adversidad, dice la Biblia que “alcanzaron buen testimonio mediante la fe” (Hebreos 11:39).

A veces el temor a los hombres es superior a nuestra fe en Dios. En ocasiones callamos por temor a las represalias, a las burlas, al desprecio, al rechazo, al qué dirán. Nos preocupan más las consecuencias de nuestras palabras y de nuestros actos aquí en la tierra que la recompensa grande y poderosa que viene de lo alto cuando nos atrevemos a ser testigos, a ser ejemplo, a llevar una vida comprometida con la causa del Señor. Olvidamos fácilmente que aún si los cristianos decidiéramos unánimemente guardar silencio, las piedras clamarían (Lucas 19:40).

Se atribuye a Francisco de Asís la frase: “Predica el Evangelio en todo momento, y de ser necesario, usa palabras…”, con lo cual este varón instaba a los seguidores de Cristo a compartir su fe, más que con palabras, con su propio testimonio de vida. Los cristianos estamos llamados a ser sal y luz, a ser un foco de atracción para los no creyentes, quienes deberían admirarse de nuestro estilo de vida y de lo que reflejan nuestros comportamientos y actitudes. Necesitamos ser personas esforzadas y valientes para responder abiertamente al llamado de Dios sin tapujos, sin esconder nada, guardando el pacto y siendo fieles a nuestros ideales, principios y creencias.
Hace unos días nos confrontaban en la iglesia con respecto al valor que algunos grupos tienen para exponer su credo aunque vayan en contravía del statu quo. Sostienen y defienden sus creencias y aún su modo de vida aunque no responda a los cánones socialmente aceptados. Tristemente, los cristianos a veces olvidamos el principio de que “Dios y yo somos mayoría” y nos dejamos amedrentar por las personas y también por las circunstancias.

Mi invitación de hoy es a que nos preguntemos cómo estamos viviendo y proyectando a otros el Evangelio del Reino. ¿Somos discípulos secretos o faros de luz? ¿Es nuestra vida un ejemplo edificante para quienes viven a nuestro alrededor? Si carecemos del valor para ser artífices del crecimiento del reino y alcanzar a las naciones para Jesús, quizás necesitemos pasar un tiempo a solas con Dios, pidiéndole que nos llene del fuego de Su Santo Espíritu para tener el privilegio de ser artífices de Su obra. Bendiciones.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
(2 Timoteo 1:7)

lunes, marzo 26, 2007

VIVIENDO LA PALABRA

“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”
(1 Tesalonicenses 2:13, RV60)


Cuando en nuestro corazón discernimos la Palabra de Dios como ella en verdad es, la consecuencia natural es que haya una transformación profunda en nuestras vidas. No es posible que nuestra manera de pensar siga siendo la misma si en verdad entendemos lo que la Biblia significa y representa.

No estoy hablando de su valor literario, ni de lo sorprendente que resulta el hecho de que un documento escrito a tantas manos durante tantos siglos y por autores tan variados sea tan consistente desde el punto de vista del plan de salvación o de cualquier otro asunto inclusive menos teológico. Me refiero a que la misma Escritura declara ser inspirada por Dios, y mientras nosotros no lo creamos así en lo profundo de nuestro corazón seguiremos tratándola como un libro más, que expresa simples opiniones personales de sus autores humanos y no la cosmovisión observada desde la perspectiva divina.

Necesitamos entender la Palabra como lo que realmente es, para poderla interiorizar y hacerla vida en nuestra vida. De lo contrario, seguiremos viviendo mediocremente, aunque nos autoproclamemos cristianos, manejando un código ético y moral propio matizado por nuestra propia conveniencia. Ese actuar de la Palabra en nosotros no va a producirse mientras degrademos su valor y la recibamos simplemente como un lindo mensaje humano.

¿Cuál es tu sentir hacia la Palabra realmente? ¿La lees y la vives “según es en verdad” o se ha vuelto un referente como tantos? Hoy te invito a que reflexiones seriamente sobre esto y a que le pidas a Dios la dirección que necesitas para interactuar con Su Palabra en tu tiempo devocional.

Un abrazo de bendición,

JORGE HERNÁN

jueves, marzo 08, 2007

RINDIENDO CUENTAS

"Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos."
(Mateo 25:19, NVI)


Hace varios años, mi esposa se hizo el firme propósito de enseñar a mis hijos a administrar bien el dinero. Decidió asignarles una mesada con la cual podían comprar cosas durante el recreo escolar o ahorrar para darse gusto con algo más grande o más costoso. Para ello, les enseñó a manejar un libro de cuentas a cada uno donde debían anotar todo lo que recibían y todo lo que gastaban. Y hasta el día e hoy, no les entrega la siguiente mesada si antes no le entregan el libro de cuentas. Quiere estar segura de que están manejando correctamente sus finanzas y que tienen plena conciencia del destino que le dan al dinero que reciben.

Hay varias partes de las Escrituras en las que el Señor se presenta como un hombre poderoso y rico que ha dejado a unos servos a cargo de sus posesiones o su dinero, y luego los llama a que le rindan cuentas. Cuando leo, por ejemplo, la parábola de los talentos, en el Evangelio de Mateo, pienso que si esos hombres llevaran un registro detallado de sus cuentas, les sería más fácil explicarle el Señor cómo invirtieron su dinero. Y entiendo que en nuestra relación cotidiana con Dios debemos acostumbrarnos a mantener un proceso continuo y honesto de rendición de cuentas a Él.

Aquí no estoy hablando del principio bíblico de rendición de cuentas, que se haya ampliamente sustentado en el Nuevo Testamento, y que consiste en que busquemos el compañerismo de un creyente maduro al cual podamos compartirle cómo va nuestro caminar, pedirle su apoyo intercesor en oración y acaso un consejo. Me estoy refiriendo más bien a la interacción permanente con Dios, que no puede ni debe limitarse a una lista de peticiones sino que debe incluir un tiempo de arrepentimiento en el que podamos con un corazón abierto y sincero reconocer nuestras fallas y contarle a Él qué estamos haciendo con los dones, habilidades y talentos que nos confió para que los usáramos y los multiplicáramos en provecho del Reino.

No sé tú, pero yo quisiera saber que tengo mi vida en orden cuando el Señor me llame a cuentas.

"Dichoso el siervo cuando su señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber."
(Mateo 24:46, NVI)

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, febrero 26, 2007

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

"Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas."
(Génesis 45:5, NVI)

Viajo desde Cali hacia Bogotá en un vuelo de rutina. De repente, el piloto nos informa que estamos desabastecidos de combustible y que necesitamos aterrizar en uno de los aeropuertos alternos para poder tanquear. Así lo hacemos, y al cabo de un par de horas estamos tocando finalmente la pista del Aeropuerto Eldorado.

El incidente no pasaría de ser anecdótico de no ser por lo que Dios ministró a mi vida a través del mismo. Por un momento imaginé cómo habría cambiado la vida de mi familia si el final de aquel viaje hubiera sido trágico. Imaginé a mi hijo llegando tarde del colegio después de pasar el rato charlando con sus amigos solo para encontrarse con una noticia tan devastadora. Pensé en mi pequeña hija y en lo que significaría para ella no volver a ver a su papá. Supuse la reacción de mi otro hijo, entre triste y aterrado....Y pensé en mi esposa, en mis padres, en mis amigos...

Cuando estábamos despegando de Pereira (el aeropuerto alterno), mi vecino de silla me comentó que su hijo había estado en un paseo de fin de semana y había regresado casa con una picadura de insecto en un codo. El caso es que la picadura se infectó, y el muchacho terminó hospitalizado, con un estreptococo y luchando contra una infección severa. Al final, salió adelante. “Dios le dio una segunda oportunidad”, me dijo su padre. “Yo le he dicho que busque entender el propósito de Dios en esta situación”.

A mi regreso, medité en todo lo ocurrido y entendí que Dios siempre está brindándonos segundas oportunidades. Como en el caso de José, que pronunció frente a sus hermanos las palabras con las que comienzo esta reflexión, muchas veces las circunstancias que enfrentamos, por difíciles que parezcan, se tornan en situaciones de bendición. Aunque no entendamos por qué el Señor permite que ocurran ciertas cosas, siempre hay un propósito sobrenatural subyacente que estamos llamados a buscar. Y siempre, siempre, hay una segunda oportunidad que Dios nos da.

No esperes al límite, aprovecha las posibilidades que cotidianamente te ofrece el Señor y recuerda que nunca sabes si habrá una próxima oportunidad.

Dios te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN

lunes, febrero 19, 2007

AGUIJONES Y ESPINAS

"Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis."
(Números 33:55, RV60)


Necesitamos aprender a caminar en integridad y a vivir una vida santa delante de nuestro Señor. Y eso significa comprometernos en la tarea de desarraigar de nuestras vidas todo aquello que pone en peligro ese caminar.

En la cita de hoy, el Señor conminó al pueblo a expulsar a los habitantes de la tierra prometida. Si los dejan allí, advirtió, "esa gente les causará problemas" (NVI). Eso es exactamente lo que sucede cuando echamos vino nuevo en odres viejos, cuando nos permitimos a nosotros mismos conservar hábitos pecaminosos, esquemas mentales mundanos o lenguajes obscenos. Gran pecado es la tibieza, y la advertencia de Apocalipsis 3:16 al respecto debería alertarnos lo suficiente como para cortar por lo sano con lo que puede convertirse en aguijón o en espina.

No debe ser el miedo sino el amor perfecto de Dios el que nos impulse, el que nos motive y anime a vivir íntegramente y habitar en Su tabernáculo (Salmo 15:1-2), y ese es el reto que Dios nos plantea hoy a tí y a mí. ¿Quieres aceptarlo?

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN


lunes, febrero 12, 2007

EN OBEDIENCIA

"Sea o no de nuestro agrado, obedeceremos la voz del Señor nuestro Dios, a quien te enviamos a consultar. Así, al obedecer la voz del Señor nuestro Dios, nos irá bien"
(Jeremías 42:6, NVI)

Caminando en el centro de la voluntad de Dios aprendemos una verdad sencilla pero profunda y llena de implicaciones: que no hay mejor forma de expresar nuestro sincero amor por Dios que hacer caso de Su Palabra. En Juan 14:21 (NVI) Jesucristo lo expresó claramente: "¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él". El cumplimiento de ese "primero y grande mandamiento" se da entonces cuando yo tomo la decisión de acatar sus mandatos y preceptos y convertirme en un verdadero seguidor de Él.

Jesucristo no mide mi nivel de compromiso y entrega por la asistencia a servicios religiosos, ni por la magnitud de mi involucramiento con actividades de la iglesia, ni por mi grado de conocimiento de las Escrituras. Lo que Él verdaderamente mira es mi corazón y la respuesta del mismo a Su Palabra en términos de obediencia.

Tristemente, hoy hay muchos cristianos nominales, que se dicen seguidores de Jesucristo pero que no viven una vida santa porque prefieren guiarse por sus propias reglas y manejar una obediencia mediocre. Transan con el mundo, dejan que a veces gobierne la carne y no resisten al enemigo, como lo ordena la Escritura. Como resultado, caminan por el sendero del libertinaje o se aferran al camino de la religiosidad, esperando que sus obras compensen la multitud de sus pecados. Olvidan que "hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte" (Proverbios 14:12, NVI).

No sé en qué estado se encuentre tu obediencia hoy, pero imagina que el Señor te llama a cuentas. ¿Qué tendrías para decirle sin justificarte? Creo que tú, al igual que yo, necesitas hacer ajustes importantes en tu vida, para caminar realmente en el centro de Su voluntad. No los aplaces más, empieza ya mismo. Vé a Su presencia y acepta la invitación que te hace en Isaías 1:18 (NVI): "Vengan, pongamos las cosas en claro, dice el Señor. ¿Son sus pecados como escarlata?¡Quedarán blancos como la nieve!¿Son rojos como la púrpura?¡Quedarán como la lana!"

Bendiciones,

JORGE HERNÁN




domingo, enero 21, 2007

LA IGLESIA EN CASA

"...porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo."
(1 Timoteo 5:8, RV60)


Cuando leo este versículo, recuerdo vívidamente a una amada sierva de Dios que en cada servicio insistía en la importancia del altar familiar. Pero también me viene a la mente un hermano preocupado porque entendía que esta cita se refería a la necesidad imperiosa de que el varón fuera el responsable del sustento económico del hogar. Y, finalmente, recuerdo una historia sobre un hombre que, quizás como muchos, se cuestionaba si podía hacerse cargo de una responsabilidad ministerial si su iglesia doméstica, es decir, su hogar, no estaba viviendo al 100% el fluir del Espíritu de Dios. Por algo Pablo instaba a Timoteo que los que anhelaran ser obispos debían gobernar bien su casa y hacer que sus hijos les obedecieran con el debido respeto (1 Timoteo 3:4).

Proveer para los nuestros efectivamente va mucho más allá de lo que desde el punto de vista financiero debemos hacer. Sin embargo, algunos son muy generosos con terceros mientras en sus propios hogares se viven estrecheces y aún sus padres afrontan penurias por la escasez de dinero; cualquiera que viva esta situación está indudablemente por fuera de la voluntad de Dios.

Pero, ¿qué podemos decir sobre la necesidad de proveer amor? Nuestra familia es lo más importante que tenemos después de Dios y debería ser, después de Él, la prioridad inmediata en nuestra vida. Muchos anteponen el trabajo, o la iglesia o incluso la diversión, a esta prioridad, y hacen mal cualquiera que sea la excusa que utilicen. Dios necesita gente consagrada a Él, pero también personas que le den a la unidad familiar el sentido que Él siempre quiso que tuviera. Se dice que la familia es el núcleo de la sociedad, y es verdad. Por eso Satanás golpea esta institución con tanta sevicia. Hay, sin embargo, una forma de enfrentar este ataque, y es haciendo lo que nos corresponde, y lo primero en este orden de ideas es ser un instrumento del amor de Dios para nuestra pareja y nuestros hijos. Y también para nuestros padres, estemos o no solteros. Todos ellos necesitan ser amados, especialmente cuando menos lo merecen, y Dios nos ha colocado en medio de ellos para ser ministros de Su amor y Su reconciliación. Vivámoslo entonces, vivámoslo más aunque lo prediquemos menos.

Seamos ejemplo. Seamos testimonio. Seamos proveedores de cariño, de ternura, de comprensión, de tolerancia. No neguemos la fe. Permitamos que Dios sea una realidad cotidiana en nuestro hogar, mucho más que un formalismo. Oremos unos por otros. Pasemos tiempo con Dios e invitemos a nuestra familia a hacerlo. Que al vernos en la iglesia que es nuestra casa, los nuestros se sientan motivados a seguir el ejemplo.

Ese es hoy mi reto para tí. Y sobre todo, para mí. Que el Señor nos ayude a cumplirlo con éxito.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

domingo, enero 14, 2007

DISCIPULANDO

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo"
(Mateo 28:19)


Decía hace algunos días el pastor de nuestra iglesia que es necesario volver a lo fundamental, y uno de esos fundamentos esenciales sobre los cuales está construida nuestra fe es el discipulado. El llamado urgente a extender el Evangelio que Jesús nos encomendó desde hace siglos y el cual lamentablemente muchos pasamos por alto. Conocemos a Cristo, entablamos una relación personal con Él y nos solazamos en una profunda e intensa pero egoísta aproximación a nuestro Salvador. Olvidando la dimensión espiritual de la cruz, nos concentramos en nosotros mismos y nos perdemos de la maravillosa experiencia y el inmenso privilegio que significa alcanzar a otros para el Reino.

Tenemos un llamado, a seguir al Señor pero también a servirle. Cualquiera que sea tu ocupación o modo de vida, donde estás es un buen lugar para ejercer la función a la que fuiste llamado dentro del cuerpo de Cristo, y para dar cumplimiento al mandato del Señor contenido en el versículo de hoy.

Mike Breen y Walt Kallestad, autores del libro "Una Iglesia Apasionada" (Editorial Patmos, 2006), sostienen que la asistencia a un servicio religioso por un par de horas no va a hacer de nadie un discípulo de Jesús. Solamente el discipulado personal, que permite la formación cercana de creyentes verdaderamente comprometidos con la causa del Señor, logra el objetivo de desarrollar cristianos involucrados activamente en la vida de la iglesia. Y no hay mejor manera de discipular que ser personas que pasamos tiempo a los pies del Maestro, aprendiendo de Él para edificar a otros, y que tenemos claridad sobre la misión que Jesucristo nos encomendó.

Una breve invitación para hoy: sé discípulo y haz discípulos. Cumple el llamado. Dios te recompensará grandemente.....Bendiciones,

JORGE HERNÁN

sábado, enero 06, 2007

LO ADORARON

"Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra."
(Mateo 2:11, RV60)



Hace varios días me viene dando vueltas en la cabeza la adoración de los magos de oriente a Jesús recién nacido. Porque pienso en la actitud de estos hombres sabios. En el versículo 2 del Evangelio de Mateo los magos revelan sus intenciones con respecto al Salvador: "Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle." Guiados por la estrella de Belén, llegaron al pesebre y "se regocijaron con muy grande gozo" cuando ella se detuvo donde estaba el niño.

Lo que había en el corazón de los magos era admirable: un deseo inmenso de adorar a Dios. Por eso lo buscaron aún a costa de emprender un largo viaje. Dice la Escritura que ellos conocían la profecía de Miqueas 5:2: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad". Estaban buscando al Cristo y la revelación de Dios a sus vidas les decía que la profecía se estaba cumpliendo en aquel niño.

Me sorprende pensar en la manera en que normalmente concebimos a Dios: como un solucionador de problemas, como alguien a quien acudimos muchas veces como última instancia o a cuya presencia entramos para pedirle. A veces nuestro tiempo con el Señor parece más una lista de peticiones que cualquier otra cosa. Vamos a buscarle para decirle "dame, dame" y no con actitud de "aquí estoy...Señor, ¿en qué puedo servirte?". En "La vita e bella" de Roberto Benigni (1997), el tío Eliseo Orefice magistralmente interpretado por Giustino Durano dice: "Servir es el arte supremo. Dios es el primer servidor, pero eso no significa que sea nuestro servidor". Una verdad profunda que muchas veces no comprendemos y por eso lo abordamos de manera utilitarista, esperando saber qué recibiremos a cambio y a veces molestándonos incluso porque la respuesta no es lo que esperábamos.

Los magos, en cambio, estaban resueltos a adorarle. Desde el principio, sabían a qué iban. Los regalos que llevaban eran dignos de un Rey, y reflejaban su corazón de adoradores. Estaban allí para entregar, no para recibir; para dar, no para exigir; para reconocer, no para ser reconocidos. ¡Cuán diferente era su motivación a la que nos impulsa muchas veces a acercarnos a Dios! Tal vez por eso, aunque realmente no sepamos cuántos eran, ni de qué raza, ni si tenían o no determinada jerarquía administrativa, ocupan un lugar especial en la historia del cristianismo y, sin duda, uno más especial aún en el Reino de los Cielos.

Empezando este año, quiero pedirle al Señor que me dé un corazón y una actitud como la que ellos tenían. Que me conmueva y me sacuda el deseo de adorar a Jesús, más que cualquier otra cosa. Que sea Él verdaderamnete mi motivo y mi razón. ¿Quieres pedirle lo mismo? Te invito a que te tomes un par de minutos cuando acabes de leer estas líneas y le pidas Su toque santo en tu vida para que esto también sea una realidad para tí. Y que postrándonos lo adoremos....

Bendiciones,

JORGE HERNÁN


viernes, diciembre 29, 2006

FELIZ AÑO NUEVO

"Al encontrarme con tus palabras, yo las devoraba; ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, Señor, Dios Todopoderoso"
(Jeremías 15:16, NVI)

Cada vez que un año termina hay algo que nos invita a hacer el balance de lo que quedó atrás y el aprendizaje que tuvimos a partir de cada experiencia vivida. Y una larga tradición nos invita a desear un feliz año nuevo a todos aquellos con quienes interactuamos. En algunos casos, es cierto, deseamos paz y prosperidad, pero la expresión más frecuente es "felicidad".

Tristemente, por lo general asociamos la felicidad con un concepto emocional que depende del entorno y de las circunstancias. Nos resulta un poco forzado, en el mejor de los casos, el mandato divino de estar siempre gozosos, y creemos que solo si las cosas se dan como queremos debemos estar alegres. Pero la buena noticia es que la raíz y fuente única y perfecta de felicidad es el Señor. Por eso Jeremías habla de que la Palabra de Dios es gozo y alegría para el corazón de quienes llevamos al Señor en nosotros.

El Señor está a tu alcance, la promesa dice que cuando le clamamos Él responde. Romanos 10:6-8a dice: "Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón...". Cuando a tu tiempo de oración le sumas la lectura de la Palabra y la meditación en ella encuentras verdadero refrigerio espiritual, y una nueva unción de alegría y gozo va a estar disponible para tu vida.

Yo también deseo que 2007 sea un año feliz para tí, feliz en Cristo Jesús. Que Su poderosa Palabra te alimente. Devórala, como Jeremías, y experimenta la felicidad sobrenatural de quienes vivimos en Cristo.

Una poderosa bendición celestial descienda sobre tu vida y la mía ahora mismo.

Un abrazo,

JORGE HERNÁN

sábado, diciembre 23, 2006

DULCE NAVIDAD

"Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz"
(Isaías 9:6, NVI)


Muchas reflexiones he leído en estos días sobre el verdadero significado de la Navidad. Algunas enfatizan en la manera en que la sociedad de consumo ha mercantilizado estas fechas hasta el punto de olvidar qué es lo que estamos celebrando. Otros se lamentan de que para muchos la época sirve de pretexto para el alcohol y la parranda. Unos van aún más allá y se conduelen de que aún en hogares cristianos hay muchos símbolos como el árbol, Papá Noel, los enos y los muñecos de nieve pero Jesús parece estar ausente de la fiesta. Hay de hecho una cadena de correos que viaja por la red y que presenta a un Jesucristo triste porque todo el mundo lo ignora en su cumpleaños.

Pero hay una visión diferente de este acontecimiento, la que plasman las Escrituras desde la óptica de Apocalipsis 12. Dejo la palabra a Philip Yancey, uno de mis autores favoritos, quien en su libro "El Jesús que nunca conocí" (Miami, Editorial Vida, ed. en Español 1996, pág. 40) dice: "El relato difiere radicalmente de las narraciones del nacimiento que ofrecen los evangelios. Apocalipsis no menciona a los pastores y a un rey infanticida; más bien, presenta a un dragón que dirige una feroz lucha en el cielo. Una mujer, vestida del sol y que lleva una corona de doce estrellas, clama de dolor a punto de dar a luz. De repente entra en escena el enorme dragón escarlata, con una cola que arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojaba sobre la tierra. Se detiene voraz frente a la mujer, ansioso de devorar a su hijo en cuanto nazca. En el último momento, el hijo es arrebatado y puesto a salvo; la mujer huye al desierto, y comienza una gran batalla cósmica...En la tierra nace un niño, un rey se entera, comienza la persecución. En el cielo había comenzado la Gran Invasión, una valiente incursión de parte del líder de las fuerzas del bien en la sede del mal que es el universo".

Vista así la escena del nacimiento, nos damos cuenta del poder contenido en la declaración profética de Isaías. El Rey de Reyes irrumpió en la historia universal para partirla literalmente en dos. No en vano en el mundo occidental contamos los años tomando como referencia el nacimiento de Cristo. Desde el punto de vista cósmico, la encarnación es un acontecimiento tremendamente sobrenatural que acaba con las infundadas expectativas del Maligno. El niño que tirita de frío en un pesebre mientras su madre hace los mejores esfuerzos por arroparlo en medio del olor natural a pesebre es nada menos que Dios hecho hombre. Frágil y poderoso al mismo tiempo. Humilde pero majestuoso. Débil pero valiente. A Jesús siempre le gustaron las paradojas. Las frases contenidas en el Sermón del Monte años después, todavía siguen sonando revolucionarias. Pero El que vino a salvar lo que se había perdido luchó desde siempre con el statu quo. No se conformó, y por eso nos pide que tampoco nosotros lo hagamos, porque sabe que necesitamos una transformación completa desde adentro y que sólo Él puede obrarla en nosotros.

¿Sabes? Lo más hermoso de la frase de Isaías es que el niño "nos ha nacido", es decir, la entrega de Cristo por nosotros está claramente demarcada desde el principio de los tiempos y por eso Dios coloca la sentencia en boca del profeta. Es para tí, es para mí, es para nosotros....¿No es maravilloso darnos cuenta de cuanto nos ama Dios como para darnos a Su Unigénito?

Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz...¿Qué es el Señor Jesucristo para tí? Cuando leo estos calificativos que le da la Escritura no puedo menos que maravillarme al darme cuenta del enorme significado que tiene el Señor en mi vida, y del que puede llegar a tener para tí.

Es tiempo de Navidad, y a la hora de los regalos y en medio de los villancicos y las decoraciones decembrinas, es bueno recordar el eevnto que partió la historia del universo...pero sobre todo, tu historia y la mía.

Feliz Navidad. Jesucristo nos ha nacido, y si este nacimiento de verdad se hace vida en nuestros corazones, jamás volveremos a ser los mismos. Él se va a encargar de ello.

Con el amor del Señor,

JORGE HERNÁN

domingo, diciembre 17, 2006

PRÓDIGOS DE HOY

"Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó."
(Lucas 15:20)

Esta cita, extractada de la parábola del hijo pródigo, habla de la reacción del padre cuando vio venir a su hijo de regreso. Varios estudiosos de las Escrituras señalan la maravillosa gracia de un Padre hacia su hijo que, al pedirle en vida la herencia, estaba prácticamente dándolo por muerto y de alguna manera deshonrándolo y despreciándolo. Pero no es eso lo que hoy toca mi corazón.

¿Sabes? En nuestro país abundan los desaparecidos, personas que en el marco de un clima de violencia política e inseguridad snecillamente desaparecieron un día sin dejar rastro. Algunos eran activistas políticos, otros miembros de las fuerzas militares, otros ciudadanos del común. Unos fueron secuestrados y hace meses que no se sabe nada de ellos, otros simplemente desaparecieron un día cualquiera sin dejar señal alguna... La reciente conmemoración del holocausto del Palacio de Justicia volvió a traer a nuestras mentes y a nuestros corazones el horror vivido por los parientes de personas que fueron vistas por última vez con vida en la cafetería de la edificación, sin que se volviera a saber de ellas o aún de sus cadáveres. Y los que hemos vivido un poco más, recordamos las escenas tristes de la Plaza de Mayo a la que miles de madres argentinas acudían vez tras vez reclamando alguna noticia de sus hijos desaparecidos en tiempos de dictadura.

Para el padre del hijo pródigo, aunque el escenario fuera distinto, la realidad fue muy parecida. Simplemente un día su hijo dijo adiós y no volvió más. Imagino largas noches en las que el padre doblaba rodilla por su hijo y en la que su mente divagaba pensando cómo se encontraría, siempre con el anhelo profundo de que su integridad fuera salvaguardada. El relato bíblico no dice si la ausencia fue corta o prolongada, pero intuyo que al padre los días se le hicieron largos y que los sentimientos que le afloraban eran entremezclados: ira, decepción, nostalgia, angustia...en fin. En más de una ocasión se quedaría silencioso mirando al horizonte esperando verlo de nuevo, pues aunque la vida siguiera su curso normal en el corazón de un padre siempre los hijos ocupan un sitio especial. No en vano representan la confianza que Dios ha depositado en nosotros para que administremos con sabiduría e inteligencia su proceso de crianza y formación en los principios del Señor.

De repente, un día, el padre ve venir a su hijo. Está harapiento, acabado, casi irreconocible. Pero el anciano hombre no puede contener la emoción, se salta todos los cánones y preceptos de la cultura judía de aquel entonces y dejando de lado la compostura, corre a abrazarlo y a besarlo.

Este relato sin duda refleja lo que Dios hace por nosotros, y no es difícil imaginar los sentimientos que pasan por Su mente cuando nos ve tomar distancia de Él. Más fácil aún es entender la alegría cuando decidimos buscarlo y reconciliarnos con Él, y comprendemos la fiesta en el cielo por el santo regocijo del Padre Celestial frente a nuestra decisión de vida.

Pero más allá de ésto, que debe ser motivo de profunda reflexión en nuestras vidas, hoy quiero animarte a que eleves una oración por los cientos de desaparecidos que hay en nuestro país, que un día salieron de sus casas para nunca más volver. La incertidumbre, aún por horas, es enormemente dolorosa para sus parientes y amigos. Pero cuando se prolonga se debe tornar a veces insoportable. Dios quiere que nos condolamos con los que sufren, y por eso hoy te pido que eleves una oración por aquellos que están experimentando ésto, porque solo el Padre que con fortaleza ha vivido siglo tras siglo situaciones como ésta puede entender y dar fortaleza a quienes hoy lo viven y necesitan de Su apoyo.

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN

domingo, diciembre 10, 2006

PERDÓN Y SANTIDAD

"...porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo"
(1 Pedro 1:16)

Luego de dos semanas de ausencia, vuelvo a escribir sobre un tema que me viene dando vueltas en la cabeza, y es el de la santidad. El Señor nos llamó para que estuviéramos apartados del mundo y consagrados a Él y esa debe ser una realidad esencial en la vida de todo creyente. Aunque hemos perdido el sentido de la palabra "santidad" y nos suena a veces como algo aburrido que asociamos con personas religiosas y poco divertidas; y otras veces como un ideal prácticamente imposible de alcanzar ("yo no soy ningún santo", decimos), la verdad clara y escueta desde el punto de vista escritural es que todo hijo de Dios que ha recibido y confesado a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida tiene un llamado irrevocable a ser santo.

"Santos", llamaba Pablo a los fieles de las iglesias cristianas del primer siglo de nuestra era, porque entendía esa realidad incuestionable y quería que sus lectores se percataran de ella. Vivir en santidad es realmente haber entrado en el reposo de Dios y gozar plenamente de Su presencia en comunión íntima con Él.

Pero hablar de santidad va ligado de modo estrecho al concepto de perdón. El Padre Nuestro, el modelo de oración que Jesucristo nos enseñó y que aparece en el capítulo 6 del Evangelio de San Mateo, nos invita claramente a perdonar, y sentencia al final: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14-15). No sé si has notado algo tan obvio como que esta enseñanza está dirigida a creyentes, pues la oración empieza dirigiéndose a Dios como Padre, y Juan 1:12 dice que "a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Son solo la fe en Jesucristo y la manifestación de Su Santo Espíritu en nuestras vidas las que nos permiten llamar "Padre" a Dios.

Entonces, Jesús está hablándonos aquí de la necesidad que tenemos de perdonar a otros para gozar de libertad plena y absoluta. No podemos vivir la santidad plena ni santificar el nombre del Señor si el perdón no se hace realidad en nuestras vidas. Recuerda que la falta de perdón trae consecuencias físicas (enfermedades como la artritis, varios tipos de cáncer, etc.), emocionales (amargura, depresión, ira) y sobre todo espirituales (ataduras que nos encadenan y abren puertas al enemigo). Por eso perdonar es tan importante, y de allí que tú y yo necesitemos hacerlo para vivir una nueva dimensión de libertad y santidad como no la hemos experimentado hasta ahora.

Quiero invitarte hoy a que te tomes unos minutos para pedirle al Espíritu Santo que te revele si aún hay en tu corazón falta de perdón hacia alguien. Si es así, te animo a que le pidas a Jesús que te ayude a ver a esa persona como Él la ve y que puedas amarla aún con todas sus fallas como Él ha hecho contigo (Romanos 5:8). Pídele fuerzas y valentía para optar hoy por una decisión de amor que derribe murallas en tu corazón y abra las compuertas del cielo para que disfrutes de una vida en santidad llena de bendiciones. Y deja que el Gran Médico haga una cirugía profunda en tu corazón y te trate como solo Él puede hacerlo. Cosas tremendas serán las que empezarás a ver a partir de hoy.



JORGE HERNÁN