miércoles, mayo 09, 2007

MANJAR DE VIDA

"Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos."
(Jeremías 15:16, RV60)


No sé cuáles sean tus hábitos alimenticios pero estoy seguro de qe los tienes. Algunos comen tres vecs al día, según aprendieron desde niños; otros ingieren alimentos ligeros entre las comidas principales; algunos más comen cada dos horas. En fin, el cuerpo necesita nutrirse y nuestros hábitos en cierta manera responden a las demandas del organismo.

Pero la Escritura nos enseña que "no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4). Es evidente por lo tanto que necesitamos nutrirnos espiritualmente de lo que nos enseñan las Sagradas Escrituras, y cuando vamos a ellas en busca de alimento guiados por el Espíritu Santo, encontramos allí todo cuanto nos hace falta. Po algo el Señor dijo enJuan 5:39: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

Pues bien, el proceso de comer tiene por lo menos tres partes: masticar, saborear y digerir. Primero masticamos para hacer el alimento digerible, así que al procesarlo tenga una consistencia que podamos asimilar; luego, o más bien, simultáneamente, degustamos el bocado para experimentar toda la plenitud de su sabor, y finalmente lo digerimos. Si es un alimento suave y agradable, decimos que nos cae bien.

Con la Palabra ocurre lo mismo: primero debemos masticarla. Leemos una porción de la Escritura, luego la releemos en voz alta y pausada y luego volvemos a leerla palabra por palabra resaltando o subrayando lo que nos llamó la atención. Cuando hemos entrado en la presencia del Señor, encontramos que Él nos empieza a hablar y con frecuencia nos va a dar una nueva revelación sobre lo que estamos leyendo, así hayamos recorrido cientos de veces el mismo pasaje. A medida que la voz del Espíritu refresca nuestro ser, vamos adquiriendo un nuevo discernimiento sobre lo que Dios nos está diciendo o mostrando. La Palabra adquiere una nueva consistencia y comprendemos con claridad el mensaje. Estamos masticando.

Pero también saboreamos. Salmos 34:8 nos dioce "Gustad y ved que es bueno Jehová...". Simultáneamente con el masticado, estamos degustando la Palabra de Vida, nos deleitamos en ella, la saboreamos le sacamos el gusto...Recuerdo una ocasión en que estuvimos predicando durante cerca de cuatro meses sobre Marcos 11:24, ¡¡¡ le sacamos toda la sustancia que pudimos al pasaje y disfrutamos todos los matices que Dios nos fue revelando sobre el mismo !!!. Degustar la Palabra es una experiencia poderosamente enriquecedora...gozo y alegría para nuestro corazón.

Y finalmente, digerimos. La Palabra trasciende el nivel intelectual y empieza a hacerse vida en nosotros. Entonces podemos compartir de ella con entusiasmo y convicción profunda, porque Dios nos ha hablado.

Es un manjar exquisito, no lo dejes servido. Si no comes del banquete, habrá otros que serán llamados a participar de él. Los que son conscientes de sus carencias, de sus vacíos...los que saben que su hambre y sed espiritual solo pueden ser saciadas por el Santo, el Poderoso, el que vive y reina y nos habla hoy y siempre a través de la Biblia.

Disfruta la mesa que Dios ha dispuesto para tí hoy.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

domingo, abril 08, 2007

RESUCITÓ

"Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho"
(Juan 2:22, RV60)

No sé si te has dado cuenta de la gran diferencia que existe entre adorar a un Dios vivo o a uno muerto, pero en estos días en los que el mundo occidental rememora, siguiendo la tradición católica, la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, se ha insistido en que este es uno de los aspectos cruciales que marcan la gran diferencia entre el cristianismo y la mayoría de las religiones.

En efecto, Jesucristo es un Dios vivo. Podemos relacionarnos con Él de una manera real y personal porque vive, así que cuando oramos no estamos simplemente realizando un ejercicio de catarsis o desahogo interior sino que estamos de hecho interactuando con Alguien que es absolutamente real y mucho más lleno de vida que tú o yo porque Él mismo es La Vida.

Saber que Jesús resucitó y que esta es una verdad histórica pero actual nos debe permitir movernos en una dimensión diferente en la relación con Él, bien distante de los rituales vacíos y conmemorativos de algo que ocurrió en un lugar muy remoto y en una época ya muy lejana para trasladarnos al eterno presente en el que Dios vive y desde el cual se relaciona contigo y conmigo.

Resucitó, aunque el mundo se empeñe en dejar de lado esta realidado, increíblemente, aún de negarla. Jesucristo de Nazareth, mi Señor, tu Señor, vive pues hasta en Su resurrección fue fiel a Su Palabra y lo sigue siendo. Y hoy anhela que tú y yo nos acerquemos a Él, le reconozcamos y nos decidamos a emprender la aventura de conocerle. Y seguirle. Y amarle. Y servirle. Ese es realmente el verdadero desafío de nuestra generación. Yo quiero aceptarlo, ¿y tú?

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, abril 02, 2007

ARIMATEAS Y PABLOS

Las Escrituras nos presentan dos prototipos antagónicos de los discípulos de Jesús. De un lado, los seguidores secretos como José de Arimatea; de otro, los que abiertamente proclamaban Su mensaje, como Pablo.

Del primero dice la Biblia que era un miembro noble del concilio, que era rico, y también que era bueno y justo. Solo tenía un inconveniente: que ocultaba su fe “por miedo de los judíos” (Juan 19:38). Del segundo, el apóstol de los gentiles, dice que estuvo encarcelado, fue azotado y apedreado varias veces y pasó grandes dificultades (véase 2 Corintios 11:16 y siguientes). Sin embargo, hasta su muerte, hizo pública su fe y fue quizás el principal artífice humano de la expansión del cristianismo en los primeros años de nuestra era.

En el tránsito está Pedro, uno de los hombres más cercanos a Jesucristo, quien después de negarlo tres veces fue restaurado por el Señor y pasó a compartir el mensaje de salvación con denuedo. Cuando a Pedro y Juan se les prohibió hablar de Jesús a las multitudes, respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19b-20). De hombres como estos, que se sostuvieron en su fe a pesar de la adversidad, dice la Biblia que “alcanzaron buen testimonio mediante la fe” (Hebreos 11:39).

A veces el temor a los hombres es superior a nuestra fe en Dios. En ocasiones callamos por temor a las represalias, a las burlas, al desprecio, al rechazo, al qué dirán. Nos preocupan más las consecuencias de nuestras palabras y de nuestros actos aquí en la tierra que la recompensa grande y poderosa que viene de lo alto cuando nos atrevemos a ser testigos, a ser ejemplo, a llevar una vida comprometida con la causa del Señor. Olvidamos fácilmente que aún si los cristianos decidiéramos unánimemente guardar silencio, las piedras clamarían (Lucas 19:40).

Se atribuye a Francisco de Asís la frase: “Predica el Evangelio en todo momento, y de ser necesario, usa palabras…”, con lo cual este varón instaba a los seguidores de Cristo a compartir su fe, más que con palabras, con su propio testimonio de vida. Los cristianos estamos llamados a ser sal y luz, a ser un foco de atracción para los no creyentes, quienes deberían admirarse de nuestro estilo de vida y de lo que reflejan nuestros comportamientos y actitudes. Necesitamos ser personas esforzadas y valientes para responder abiertamente al llamado de Dios sin tapujos, sin esconder nada, guardando el pacto y siendo fieles a nuestros ideales, principios y creencias.
Hace unos días nos confrontaban en la iglesia con respecto al valor que algunos grupos tienen para exponer su credo aunque vayan en contravía del statu quo. Sostienen y defienden sus creencias y aún su modo de vida aunque no responda a los cánones socialmente aceptados. Tristemente, los cristianos a veces olvidamos el principio de que “Dios y yo somos mayoría” y nos dejamos amedrentar por las personas y también por las circunstancias.

Mi invitación de hoy es a que nos preguntemos cómo estamos viviendo y proyectando a otros el Evangelio del Reino. ¿Somos discípulos secretos o faros de luz? ¿Es nuestra vida un ejemplo edificante para quienes viven a nuestro alrededor? Si carecemos del valor para ser artífices del crecimiento del reino y alcanzar a las naciones para Jesús, quizás necesitemos pasar un tiempo a solas con Dios, pidiéndole que nos llene del fuego de Su Santo Espíritu para tener el privilegio de ser artífices de Su obra. Bendiciones.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
(2 Timoteo 1:7)

lunes, marzo 26, 2007

VIVIENDO LA PALABRA

“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”
(1 Tesalonicenses 2:13, RV60)


Cuando en nuestro corazón discernimos la Palabra de Dios como ella en verdad es, la consecuencia natural es que haya una transformación profunda en nuestras vidas. No es posible que nuestra manera de pensar siga siendo la misma si en verdad entendemos lo que la Biblia significa y representa.

No estoy hablando de su valor literario, ni de lo sorprendente que resulta el hecho de que un documento escrito a tantas manos durante tantos siglos y por autores tan variados sea tan consistente desde el punto de vista del plan de salvación o de cualquier otro asunto inclusive menos teológico. Me refiero a que la misma Escritura declara ser inspirada por Dios, y mientras nosotros no lo creamos así en lo profundo de nuestro corazón seguiremos tratándola como un libro más, que expresa simples opiniones personales de sus autores humanos y no la cosmovisión observada desde la perspectiva divina.

Necesitamos entender la Palabra como lo que realmente es, para poderla interiorizar y hacerla vida en nuestra vida. De lo contrario, seguiremos viviendo mediocremente, aunque nos autoproclamemos cristianos, manejando un código ético y moral propio matizado por nuestra propia conveniencia. Ese actuar de la Palabra en nosotros no va a producirse mientras degrademos su valor y la recibamos simplemente como un lindo mensaje humano.

¿Cuál es tu sentir hacia la Palabra realmente? ¿La lees y la vives “según es en verdad” o se ha vuelto un referente como tantos? Hoy te invito a que reflexiones seriamente sobre esto y a que le pidas a Dios la dirección que necesitas para interactuar con Su Palabra en tu tiempo devocional.

Un abrazo de bendición,

JORGE HERNÁN

jueves, marzo 08, 2007

RINDIENDO CUENTAS

"Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos."
(Mateo 25:19, NVI)


Hace varios años, mi esposa se hizo el firme propósito de enseñar a mis hijos a administrar bien el dinero. Decidió asignarles una mesada con la cual podían comprar cosas durante el recreo escolar o ahorrar para darse gusto con algo más grande o más costoso. Para ello, les enseñó a manejar un libro de cuentas a cada uno donde debían anotar todo lo que recibían y todo lo que gastaban. Y hasta el día e hoy, no les entrega la siguiente mesada si antes no le entregan el libro de cuentas. Quiere estar segura de que están manejando correctamente sus finanzas y que tienen plena conciencia del destino que le dan al dinero que reciben.

Hay varias partes de las Escrituras en las que el Señor se presenta como un hombre poderoso y rico que ha dejado a unos servos a cargo de sus posesiones o su dinero, y luego los llama a que le rindan cuentas. Cuando leo, por ejemplo, la parábola de los talentos, en el Evangelio de Mateo, pienso que si esos hombres llevaran un registro detallado de sus cuentas, les sería más fácil explicarle el Señor cómo invirtieron su dinero. Y entiendo que en nuestra relación cotidiana con Dios debemos acostumbrarnos a mantener un proceso continuo y honesto de rendición de cuentas a Él.

Aquí no estoy hablando del principio bíblico de rendición de cuentas, que se haya ampliamente sustentado en el Nuevo Testamento, y que consiste en que busquemos el compañerismo de un creyente maduro al cual podamos compartirle cómo va nuestro caminar, pedirle su apoyo intercesor en oración y acaso un consejo. Me estoy refiriendo más bien a la interacción permanente con Dios, que no puede ni debe limitarse a una lista de peticiones sino que debe incluir un tiempo de arrepentimiento en el que podamos con un corazón abierto y sincero reconocer nuestras fallas y contarle a Él qué estamos haciendo con los dones, habilidades y talentos que nos confió para que los usáramos y los multiplicáramos en provecho del Reino.

No sé tú, pero yo quisiera saber que tengo mi vida en orden cuando el Señor me llame a cuentas.

"Dichoso el siervo cuando su señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber."
(Mateo 24:46, NVI)

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, febrero 26, 2007

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

"Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas."
(Génesis 45:5, NVI)

Viajo desde Cali hacia Bogotá en un vuelo de rutina. De repente, el piloto nos informa que estamos desabastecidos de combustible y que necesitamos aterrizar en uno de los aeropuertos alternos para poder tanquear. Así lo hacemos, y al cabo de un par de horas estamos tocando finalmente la pista del Aeropuerto Eldorado.

El incidente no pasaría de ser anecdótico de no ser por lo que Dios ministró a mi vida a través del mismo. Por un momento imaginé cómo habría cambiado la vida de mi familia si el final de aquel viaje hubiera sido trágico. Imaginé a mi hijo llegando tarde del colegio después de pasar el rato charlando con sus amigos solo para encontrarse con una noticia tan devastadora. Pensé en mi pequeña hija y en lo que significaría para ella no volver a ver a su papá. Supuse la reacción de mi otro hijo, entre triste y aterrado....Y pensé en mi esposa, en mis padres, en mis amigos...

Cuando estábamos despegando de Pereira (el aeropuerto alterno), mi vecino de silla me comentó que su hijo había estado en un paseo de fin de semana y había regresado casa con una picadura de insecto en un codo. El caso es que la picadura se infectó, y el muchacho terminó hospitalizado, con un estreptococo y luchando contra una infección severa. Al final, salió adelante. “Dios le dio una segunda oportunidad”, me dijo su padre. “Yo le he dicho que busque entender el propósito de Dios en esta situación”.

A mi regreso, medité en todo lo ocurrido y entendí que Dios siempre está brindándonos segundas oportunidades. Como en el caso de José, que pronunció frente a sus hermanos las palabras con las que comienzo esta reflexión, muchas veces las circunstancias que enfrentamos, por difíciles que parezcan, se tornan en situaciones de bendición. Aunque no entendamos por qué el Señor permite que ocurran ciertas cosas, siempre hay un propósito sobrenatural subyacente que estamos llamados a buscar. Y siempre, siempre, hay una segunda oportunidad que Dios nos da.

No esperes al límite, aprovecha las posibilidades que cotidianamente te ofrece el Señor y recuerda que nunca sabes si habrá una próxima oportunidad.

Dios te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN

lunes, febrero 19, 2007

AGUIJONES Y ESPINAS

"Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis."
(Números 33:55, RV60)


Necesitamos aprender a caminar en integridad y a vivir una vida santa delante de nuestro Señor. Y eso significa comprometernos en la tarea de desarraigar de nuestras vidas todo aquello que pone en peligro ese caminar.

En la cita de hoy, el Señor conminó al pueblo a expulsar a los habitantes de la tierra prometida. Si los dejan allí, advirtió, "esa gente les causará problemas" (NVI). Eso es exactamente lo que sucede cuando echamos vino nuevo en odres viejos, cuando nos permitimos a nosotros mismos conservar hábitos pecaminosos, esquemas mentales mundanos o lenguajes obscenos. Gran pecado es la tibieza, y la advertencia de Apocalipsis 3:16 al respecto debería alertarnos lo suficiente como para cortar por lo sano con lo que puede convertirse en aguijón o en espina.

No debe ser el miedo sino el amor perfecto de Dios el que nos impulse, el que nos motive y anime a vivir íntegramente y habitar en Su tabernáculo (Salmo 15:1-2), y ese es el reto que Dios nos plantea hoy a tí y a mí. ¿Quieres aceptarlo?

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN


lunes, febrero 12, 2007

EN OBEDIENCIA

"Sea o no de nuestro agrado, obedeceremos la voz del Señor nuestro Dios, a quien te enviamos a consultar. Así, al obedecer la voz del Señor nuestro Dios, nos irá bien"
(Jeremías 42:6, NVI)

Caminando en el centro de la voluntad de Dios aprendemos una verdad sencilla pero profunda y llena de implicaciones: que no hay mejor forma de expresar nuestro sincero amor por Dios que hacer caso de Su Palabra. En Juan 14:21 (NVI) Jesucristo lo expresó claramente: "¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él". El cumplimiento de ese "primero y grande mandamiento" se da entonces cuando yo tomo la decisión de acatar sus mandatos y preceptos y convertirme en un verdadero seguidor de Él.

Jesucristo no mide mi nivel de compromiso y entrega por la asistencia a servicios religiosos, ni por la magnitud de mi involucramiento con actividades de la iglesia, ni por mi grado de conocimiento de las Escrituras. Lo que Él verdaderamente mira es mi corazón y la respuesta del mismo a Su Palabra en términos de obediencia.

Tristemente, hoy hay muchos cristianos nominales, que se dicen seguidores de Jesucristo pero que no viven una vida santa porque prefieren guiarse por sus propias reglas y manejar una obediencia mediocre. Transan con el mundo, dejan que a veces gobierne la carne y no resisten al enemigo, como lo ordena la Escritura. Como resultado, caminan por el sendero del libertinaje o se aferran al camino de la religiosidad, esperando que sus obras compensen la multitud de sus pecados. Olvidan que "hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte" (Proverbios 14:12, NVI).

No sé en qué estado se encuentre tu obediencia hoy, pero imagina que el Señor te llama a cuentas. ¿Qué tendrías para decirle sin justificarte? Creo que tú, al igual que yo, necesitas hacer ajustes importantes en tu vida, para caminar realmente en el centro de Su voluntad. No los aplaces más, empieza ya mismo. Vé a Su presencia y acepta la invitación que te hace en Isaías 1:18 (NVI): "Vengan, pongamos las cosas en claro, dice el Señor. ¿Son sus pecados como escarlata?¡Quedarán blancos como la nieve!¿Son rojos como la púrpura?¡Quedarán como la lana!"

Bendiciones,

JORGE HERNÁN




domingo, enero 21, 2007

LA IGLESIA EN CASA

"...porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo."
(1 Timoteo 5:8, RV60)


Cuando leo este versículo, recuerdo vívidamente a una amada sierva de Dios que en cada servicio insistía en la importancia del altar familiar. Pero también me viene a la mente un hermano preocupado porque entendía que esta cita se refería a la necesidad imperiosa de que el varón fuera el responsable del sustento económico del hogar. Y, finalmente, recuerdo una historia sobre un hombre que, quizás como muchos, se cuestionaba si podía hacerse cargo de una responsabilidad ministerial si su iglesia doméstica, es decir, su hogar, no estaba viviendo al 100% el fluir del Espíritu de Dios. Por algo Pablo instaba a Timoteo que los que anhelaran ser obispos debían gobernar bien su casa y hacer que sus hijos les obedecieran con el debido respeto (1 Timoteo 3:4).

Proveer para los nuestros efectivamente va mucho más allá de lo que desde el punto de vista financiero debemos hacer. Sin embargo, algunos son muy generosos con terceros mientras en sus propios hogares se viven estrecheces y aún sus padres afrontan penurias por la escasez de dinero; cualquiera que viva esta situación está indudablemente por fuera de la voluntad de Dios.

Pero, ¿qué podemos decir sobre la necesidad de proveer amor? Nuestra familia es lo más importante que tenemos después de Dios y debería ser, después de Él, la prioridad inmediata en nuestra vida. Muchos anteponen el trabajo, o la iglesia o incluso la diversión, a esta prioridad, y hacen mal cualquiera que sea la excusa que utilicen. Dios necesita gente consagrada a Él, pero también personas que le den a la unidad familiar el sentido que Él siempre quiso que tuviera. Se dice que la familia es el núcleo de la sociedad, y es verdad. Por eso Satanás golpea esta institución con tanta sevicia. Hay, sin embargo, una forma de enfrentar este ataque, y es haciendo lo que nos corresponde, y lo primero en este orden de ideas es ser un instrumento del amor de Dios para nuestra pareja y nuestros hijos. Y también para nuestros padres, estemos o no solteros. Todos ellos necesitan ser amados, especialmente cuando menos lo merecen, y Dios nos ha colocado en medio de ellos para ser ministros de Su amor y Su reconciliación. Vivámoslo entonces, vivámoslo más aunque lo prediquemos menos.

Seamos ejemplo. Seamos testimonio. Seamos proveedores de cariño, de ternura, de comprensión, de tolerancia. No neguemos la fe. Permitamos que Dios sea una realidad cotidiana en nuestro hogar, mucho más que un formalismo. Oremos unos por otros. Pasemos tiempo con Dios e invitemos a nuestra familia a hacerlo. Que al vernos en la iglesia que es nuestra casa, los nuestros se sientan motivados a seguir el ejemplo.

Ese es hoy mi reto para tí. Y sobre todo, para mí. Que el Señor nos ayude a cumplirlo con éxito.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

domingo, enero 14, 2007

DISCIPULANDO

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo"
(Mateo 28:19)


Decía hace algunos días el pastor de nuestra iglesia que es necesario volver a lo fundamental, y uno de esos fundamentos esenciales sobre los cuales está construida nuestra fe es el discipulado. El llamado urgente a extender el Evangelio que Jesús nos encomendó desde hace siglos y el cual lamentablemente muchos pasamos por alto. Conocemos a Cristo, entablamos una relación personal con Él y nos solazamos en una profunda e intensa pero egoísta aproximación a nuestro Salvador. Olvidando la dimensión espiritual de la cruz, nos concentramos en nosotros mismos y nos perdemos de la maravillosa experiencia y el inmenso privilegio que significa alcanzar a otros para el Reino.

Tenemos un llamado, a seguir al Señor pero también a servirle. Cualquiera que sea tu ocupación o modo de vida, donde estás es un buen lugar para ejercer la función a la que fuiste llamado dentro del cuerpo de Cristo, y para dar cumplimiento al mandato del Señor contenido en el versículo de hoy.

Mike Breen y Walt Kallestad, autores del libro "Una Iglesia Apasionada" (Editorial Patmos, 2006), sostienen que la asistencia a un servicio religioso por un par de horas no va a hacer de nadie un discípulo de Jesús. Solamente el discipulado personal, que permite la formación cercana de creyentes verdaderamente comprometidos con la causa del Señor, logra el objetivo de desarrollar cristianos involucrados activamente en la vida de la iglesia. Y no hay mejor manera de discipular que ser personas que pasamos tiempo a los pies del Maestro, aprendiendo de Él para edificar a otros, y que tenemos claridad sobre la misión que Jesucristo nos encomendó.

Una breve invitación para hoy: sé discípulo y haz discípulos. Cumple el llamado. Dios te recompensará grandemente.....Bendiciones,

JORGE HERNÁN

sábado, enero 06, 2007

LO ADORARON

"Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra."
(Mateo 2:11, RV60)



Hace varios días me viene dando vueltas en la cabeza la adoración de los magos de oriente a Jesús recién nacido. Porque pienso en la actitud de estos hombres sabios. En el versículo 2 del Evangelio de Mateo los magos revelan sus intenciones con respecto al Salvador: "Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle." Guiados por la estrella de Belén, llegaron al pesebre y "se regocijaron con muy grande gozo" cuando ella se detuvo donde estaba el niño.

Lo que había en el corazón de los magos era admirable: un deseo inmenso de adorar a Dios. Por eso lo buscaron aún a costa de emprender un largo viaje. Dice la Escritura que ellos conocían la profecía de Miqueas 5:2: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad". Estaban buscando al Cristo y la revelación de Dios a sus vidas les decía que la profecía se estaba cumpliendo en aquel niño.

Me sorprende pensar en la manera en que normalmente concebimos a Dios: como un solucionador de problemas, como alguien a quien acudimos muchas veces como última instancia o a cuya presencia entramos para pedirle. A veces nuestro tiempo con el Señor parece más una lista de peticiones que cualquier otra cosa. Vamos a buscarle para decirle "dame, dame" y no con actitud de "aquí estoy...Señor, ¿en qué puedo servirte?". En "La vita e bella" de Roberto Benigni (1997), el tío Eliseo Orefice magistralmente interpretado por Giustino Durano dice: "Servir es el arte supremo. Dios es el primer servidor, pero eso no significa que sea nuestro servidor". Una verdad profunda que muchas veces no comprendemos y por eso lo abordamos de manera utilitarista, esperando saber qué recibiremos a cambio y a veces molestándonos incluso porque la respuesta no es lo que esperábamos.

Los magos, en cambio, estaban resueltos a adorarle. Desde el principio, sabían a qué iban. Los regalos que llevaban eran dignos de un Rey, y reflejaban su corazón de adoradores. Estaban allí para entregar, no para recibir; para dar, no para exigir; para reconocer, no para ser reconocidos. ¡Cuán diferente era su motivación a la que nos impulsa muchas veces a acercarnos a Dios! Tal vez por eso, aunque realmente no sepamos cuántos eran, ni de qué raza, ni si tenían o no determinada jerarquía administrativa, ocupan un lugar especial en la historia del cristianismo y, sin duda, uno más especial aún en el Reino de los Cielos.

Empezando este año, quiero pedirle al Señor que me dé un corazón y una actitud como la que ellos tenían. Que me conmueva y me sacuda el deseo de adorar a Jesús, más que cualquier otra cosa. Que sea Él verdaderamnete mi motivo y mi razón. ¿Quieres pedirle lo mismo? Te invito a que te tomes un par de minutos cuando acabes de leer estas líneas y le pidas Su toque santo en tu vida para que esto también sea una realidad para tí. Y que postrándonos lo adoremos....

Bendiciones,

JORGE HERNÁN


viernes, diciembre 29, 2006

FELIZ AÑO NUEVO

"Al encontrarme con tus palabras, yo las devoraba; ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, Señor, Dios Todopoderoso"
(Jeremías 15:16, NVI)

Cada vez que un año termina hay algo que nos invita a hacer el balance de lo que quedó atrás y el aprendizaje que tuvimos a partir de cada experiencia vivida. Y una larga tradición nos invita a desear un feliz año nuevo a todos aquellos con quienes interactuamos. En algunos casos, es cierto, deseamos paz y prosperidad, pero la expresión más frecuente es "felicidad".

Tristemente, por lo general asociamos la felicidad con un concepto emocional que depende del entorno y de las circunstancias. Nos resulta un poco forzado, en el mejor de los casos, el mandato divino de estar siempre gozosos, y creemos que solo si las cosas se dan como queremos debemos estar alegres. Pero la buena noticia es que la raíz y fuente única y perfecta de felicidad es el Señor. Por eso Jeremías habla de que la Palabra de Dios es gozo y alegría para el corazón de quienes llevamos al Señor en nosotros.

El Señor está a tu alcance, la promesa dice que cuando le clamamos Él responde. Romanos 10:6-8a dice: "Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón...". Cuando a tu tiempo de oración le sumas la lectura de la Palabra y la meditación en ella encuentras verdadero refrigerio espiritual, y una nueva unción de alegría y gozo va a estar disponible para tu vida.

Yo también deseo que 2007 sea un año feliz para tí, feliz en Cristo Jesús. Que Su poderosa Palabra te alimente. Devórala, como Jeremías, y experimenta la felicidad sobrenatural de quienes vivimos en Cristo.

Una poderosa bendición celestial descienda sobre tu vida y la mía ahora mismo.

Un abrazo,

JORGE HERNÁN

sábado, diciembre 23, 2006

DULCE NAVIDAD

"Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz"
(Isaías 9:6, NVI)


Muchas reflexiones he leído en estos días sobre el verdadero significado de la Navidad. Algunas enfatizan en la manera en que la sociedad de consumo ha mercantilizado estas fechas hasta el punto de olvidar qué es lo que estamos celebrando. Otros se lamentan de que para muchos la época sirve de pretexto para el alcohol y la parranda. Unos van aún más allá y se conduelen de que aún en hogares cristianos hay muchos símbolos como el árbol, Papá Noel, los enos y los muñecos de nieve pero Jesús parece estar ausente de la fiesta. Hay de hecho una cadena de correos que viaja por la red y que presenta a un Jesucristo triste porque todo el mundo lo ignora en su cumpleaños.

Pero hay una visión diferente de este acontecimiento, la que plasman las Escrituras desde la óptica de Apocalipsis 12. Dejo la palabra a Philip Yancey, uno de mis autores favoritos, quien en su libro "El Jesús que nunca conocí" (Miami, Editorial Vida, ed. en Español 1996, pág. 40) dice: "El relato difiere radicalmente de las narraciones del nacimiento que ofrecen los evangelios. Apocalipsis no menciona a los pastores y a un rey infanticida; más bien, presenta a un dragón que dirige una feroz lucha en el cielo. Una mujer, vestida del sol y que lleva una corona de doce estrellas, clama de dolor a punto de dar a luz. De repente entra en escena el enorme dragón escarlata, con una cola que arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojaba sobre la tierra. Se detiene voraz frente a la mujer, ansioso de devorar a su hijo en cuanto nazca. En el último momento, el hijo es arrebatado y puesto a salvo; la mujer huye al desierto, y comienza una gran batalla cósmica...En la tierra nace un niño, un rey se entera, comienza la persecución. En el cielo había comenzado la Gran Invasión, una valiente incursión de parte del líder de las fuerzas del bien en la sede del mal que es el universo".

Vista así la escena del nacimiento, nos damos cuenta del poder contenido en la declaración profética de Isaías. El Rey de Reyes irrumpió en la historia universal para partirla literalmente en dos. No en vano en el mundo occidental contamos los años tomando como referencia el nacimiento de Cristo. Desde el punto de vista cósmico, la encarnación es un acontecimiento tremendamente sobrenatural que acaba con las infundadas expectativas del Maligno. El niño que tirita de frío en un pesebre mientras su madre hace los mejores esfuerzos por arroparlo en medio del olor natural a pesebre es nada menos que Dios hecho hombre. Frágil y poderoso al mismo tiempo. Humilde pero majestuoso. Débil pero valiente. A Jesús siempre le gustaron las paradojas. Las frases contenidas en el Sermón del Monte años después, todavía siguen sonando revolucionarias. Pero El que vino a salvar lo que se había perdido luchó desde siempre con el statu quo. No se conformó, y por eso nos pide que tampoco nosotros lo hagamos, porque sabe que necesitamos una transformación completa desde adentro y que sólo Él puede obrarla en nosotros.

¿Sabes? Lo más hermoso de la frase de Isaías es que el niño "nos ha nacido", es decir, la entrega de Cristo por nosotros está claramente demarcada desde el principio de los tiempos y por eso Dios coloca la sentencia en boca del profeta. Es para tí, es para mí, es para nosotros....¿No es maravilloso darnos cuenta de cuanto nos ama Dios como para darnos a Su Unigénito?

Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz...¿Qué es el Señor Jesucristo para tí? Cuando leo estos calificativos que le da la Escritura no puedo menos que maravillarme al darme cuenta del enorme significado que tiene el Señor en mi vida, y del que puede llegar a tener para tí.

Es tiempo de Navidad, y a la hora de los regalos y en medio de los villancicos y las decoraciones decembrinas, es bueno recordar el eevnto que partió la historia del universo...pero sobre todo, tu historia y la mía.

Feliz Navidad. Jesucristo nos ha nacido, y si este nacimiento de verdad se hace vida en nuestros corazones, jamás volveremos a ser los mismos. Él se va a encargar de ello.

Con el amor del Señor,

JORGE HERNÁN

domingo, diciembre 17, 2006

PRÓDIGOS DE HOY

"Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó."
(Lucas 15:20)

Esta cita, extractada de la parábola del hijo pródigo, habla de la reacción del padre cuando vio venir a su hijo de regreso. Varios estudiosos de las Escrituras señalan la maravillosa gracia de un Padre hacia su hijo que, al pedirle en vida la herencia, estaba prácticamente dándolo por muerto y de alguna manera deshonrándolo y despreciándolo. Pero no es eso lo que hoy toca mi corazón.

¿Sabes? En nuestro país abundan los desaparecidos, personas que en el marco de un clima de violencia política e inseguridad snecillamente desaparecieron un día sin dejar rastro. Algunos eran activistas políticos, otros miembros de las fuerzas militares, otros ciudadanos del común. Unos fueron secuestrados y hace meses que no se sabe nada de ellos, otros simplemente desaparecieron un día cualquiera sin dejar señal alguna... La reciente conmemoración del holocausto del Palacio de Justicia volvió a traer a nuestras mentes y a nuestros corazones el horror vivido por los parientes de personas que fueron vistas por última vez con vida en la cafetería de la edificación, sin que se volviera a saber de ellas o aún de sus cadáveres. Y los que hemos vivido un poco más, recordamos las escenas tristes de la Plaza de Mayo a la que miles de madres argentinas acudían vez tras vez reclamando alguna noticia de sus hijos desaparecidos en tiempos de dictadura.

Para el padre del hijo pródigo, aunque el escenario fuera distinto, la realidad fue muy parecida. Simplemente un día su hijo dijo adiós y no volvió más. Imagino largas noches en las que el padre doblaba rodilla por su hijo y en la que su mente divagaba pensando cómo se encontraría, siempre con el anhelo profundo de que su integridad fuera salvaguardada. El relato bíblico no dice si la ausencia fue corta o prolongada, pero intuyo que al padre los días se le hicieron largos y que los sentimientos que le afloraban eran entremezclados: ira, decepción, nostalgia, angustia...en fin. En más de una ocasión se quedaría silencioso mirando al horizonte esperando verlo de nuevo, pues aunque la vida siguiera su curso normal en el corazón de un padre siempre los hijos ocupan un sitio especial. No en vano representan la confianza que Dios ha depositado en nosotros para que administremos con sabiduría e inteligencia su proceso de crianza y formación en los principios del Señor.

De repente, un día, el padre ve venir a su hijo. Está harapiento, acabado, casi irreconocible. Pero el anciano hombre no puede contener la emoción, se salta todos los cánones y preceptos de la cultura judía de aquel entonces y dejando de lado la compostura, corre a abrazarlo y a besarlo.

Este relato sin duda refleja lo que Dios hace por nosotros, y no es difícil imaginar los sentimientos que pasan por Su mente cuando nos ve tomar distancia de Él. Más fácil aún es entender la alegría cuando decidimos buscarlo y reconciliarnos con Él, y comprendemos la fiesta en el cielo por el santo regocijo del Padre Celestial frente a nuestra decisión de vida.

Pero más allá de ésto, que debe ser motivo de profunda reflexión en nuestras vidas, hoy quiero animarte a que eleves una oración por los cientos de desaparecidos que hay en nuestro país, que un día salieron de sus casas para nunca más volver. La incertidumbre, aún por horas, es enormemente dolorosa para sus parientes y amigos. Pero cuando se prolonga se debe tornar a veces insoportable. Dios quiere que nos condolamos con los que sufren, y por eso hoy te pido que eleves una oración por aquellos que están experimentando ésto, porque solo el Padre que con fortaleza ha vivido siglo tras siglo situaciones como ésta puede entender y dar fortaleza a quienes hoy lo viven y necesitan de Su apoyo.

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN

domingo, diciembre 10, 2006

PERDÓN Y SANTIDAD

"...porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo"
(1 Pedro 1:16)

Luego de dos semanas de ausencia, vuelvo a escribir sobre un tema que me viene dando vueltas en la cabeza, y es el de la santidad. El Señor nos llamó para que estuviéramos apartados del mundo y consagrados a Él y esa debe ser una realidad esencial en la vida de todo creyente. Aunque hemos perdido el sentido de la palabra "santidad" y nos suena a veces como algo aburrido que asociamos con personas religiosas y poco divertidas; y otras veces como un ideal prácticamente imposible de alcanzar ("yo no soy ningún santo", decimos), la verdad clara y escueta desde el punto de vista escritural es que todo hijo de Dios que ha recibido y confesado a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida tiene un llamado irrevocable a ser santo.

"Santos", llamaba Pablo a los fieles de las iglesias cristianas del primer siglo de nuestra era, porque entendía esa realidad incuestionable y quería que sus lectores se percataran de ella. Vivir en santidad es realmente haber entrado en el reposo de Dios y gozar plenamente de Su presencia en comunión íntima con Él.

Pero hablar de santidad va ligado de modo estrecho al concepto de perdón. El Padre Nuestro, el modelo de oración que Jesucristo nos enseñó y que aparece en el capítulo 6 del Evangelio de San Mateo, nos invita claramente a perdonar, y sentencia al final: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14-15). No sé si has notado algo tan obvio como que esta enseñanza está dirigida a creyentes, pues la oración empieza dirigiéndose a Dios como Padre, y Juan 1:12 dice que "a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Son solo la fe en Jesucristo y la manifestación de Su Santo Espíritu en nuestras vidas las que nos permiten llamar "Padre" a Dios.

Entonces, Jesús está hablándonos aquí de la necesidad que tenemos de perdonar a otros para gozar de libertad plena y absoluta. No podemos vivir la santidad plena ni santificar el nombre del Señor si el perdón no se hace realidad en nuestras vidas. Recuerda que la falta de perdón trae consecuencias físicas (enfermedades como la artritis, varios tipos de cáncer, etc.), emocionales (amargura, depresión, ira) y sobre todo espirituales (ataduras que nos encadenan y abren puertas al enemigo). Por eso perdonar es tan importante, y de allí que tú y yo necesitemos hacerlo para vivir una nueva dimensión de libertad y santidad como no la hemos experimentado hasta ahora.

Quiero invitarte hoy a que te tomes unos minutos para pedirle al Espíritu Santo que te revele si aún hay en tu corazón falta de perdón hacia alguien. Si es así, te animo a que le pidas a Jesús que te ayude a ver a esa persona como Él la ve y que puedas amarla aún con todas sus fallas como Él ha hecho contigo (Romanos 5:8). Pídele fuerzas y valentía para optar hoy por una decisión de amor que derribe murallas en tu corazón y abra las compuertas del cielo para que disfrutes de una vida en santidad llena de bendiciones. Y deja que el Gran Médico haga una cirugía profunda en tu corazón y te trate como solo Él puede hacerlo. Cosas tremendas serán las que empezarás a ver a partir de hoy.



JORGE HERNÁN

martes, noviembre 28, 2006

REPARANDO LAS GRIETAS

"Así dice el Santo de Israel: «Ustedes han rechazado esta palabra; han confiado en la opresión y en la perversidad, y se han apoyado en ellas. Por eso su iniquidad se alzará frente a ustedes como un muro alto y agrietado, a punto de derrumbarse: ¡de repente, en un instante, se desplomará! Su iniquidad quedará hecha pedazos, hecha añicos sin piedad, como vasija de barro: ni uno solo de sus pedazos servirá para sacar brasas del fuego ni agua de una cisterna.»"
(Isaías 30:12-14, NVI)

Cuenta el Segundo Libro de Reyes en su capítulo 12 que el rey Joás mandó reparar las grietas del templo de Jerusalén y que le dio una especial importancia a este encargo, al punto de que todo el dinero que se llevaba al templo era utilizado en pagar a los operarios que tenían a su cargo esta tarea. Y al releer esta historia me resulta imposible no pensar en las grietas de las que habla el profeta Isaías, que no son físicas pero sí más demoledoras porque socavan el templo del Espíritu Santo que dice la Escritura que somos nosotros.

En nuestra insensibilidad espiritual, tristemente, con frecuencia vemos el muro alto que se levanta frente a nosotros y no nos damos cuenta de que está agrietado y a punto de derrumbarse, como resultado de nuestra vana persistencia en apoyarnos en nuestras propias obras. Queremos exhibir el muro y nos autoconvencemos de que es imponente pero si no trabajamos en reparar las grietas, se nos vendrá encima y terminaremos aplastados.

Ya he comentado en otras ocasiones el concepto de gracia transformadora, la gracia de un Dios que nos ama tanto que nos acepta como somos pero cuyo amor es tan inmenso que se resiste a dejarnos así, y por eso de antemano preparó buenas obras, fruto del moverse de Su Espíritu en nuestras vidas, para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:10).

Hoy quiero invitarte a revisar tu estilo de vida, el cual debe estar reflejando lo que Jesucristo ha hecho en tí. Examina si la sorprendente gracia de Dios ha producido una transformación interior profunda en tí, o si estás conviviendo con grietas con las que te has acomodado a vivir, grietas de pecado que se te han vuelto casi familiares a fuerza de consentirlas. Y, mi querido hermano, si las encuentras, no tardes en ir a la presencia del Maestro para que con su ayuda puedas repararlas.
Verás que el resultado es poderoso.

La paz de Jesucristo que sobrepasa todo entendimiento sea contigo en este día,

JORGE HERNÁN

jueves, noviembre 23, 2006

UN DIOS CONOCIDO

"Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas."
(Hechos 17:22-25, RV60)

Releo el capítulo 17 del libro de los Hechos, y viene a mi memoria el día de mi primer sermón. Trabajé sobre este texto porque me impactó la manera en que Pablo se dirigió a un pueblo religioso como el ateniense, que adoraba a un Dios al que verdaderamente no conocía. Muchos años después tuve ocasión de compartirlo con un grupo de personas en una iglesia mormona durante el servicio fúnebre del padre de una amiga.

Y al repasar todas las cosas que Dios me ha enseñado a lo largo de estos años de caminar en Él, no deja de sorprenderme ver cuán reales y vívidas siguen siendo estas palabras para la mayoría de la gente. Vivimos en medio de un pueblo tremendamente religioso y supersticioso, apegado a devociones tristemente lejanas del conocimiento del verdadero Dios. Un muy conocido himno católico dice "saca a Dios de los templos donde lo encerramos hace tantos años" y me maravilla ver que aún muchos de los que lo entonan han perdido de vista la profunda verdad contenida en lo que están cantando.

Los seres humanos hemos reducido a Dios en las proporciones suficientes para comprenderlo; por eso nos hemos quedado con las imagenes y los templos, sin entender como claramente lo afirmó Pablo, que "el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas." Dios supera largamente nuestro entendimiento, y esto es así por la elemental razón de que es el Señor de la Creación y no necesita de nada. Sin embargo, por no conocerlo, preferimos quedarnos con una dimensión de Dios que nos quepa en la cabeza. Un Dios bombero al que acudimos cuando estamos en dificultades, pero que no tiene suficiente tiempo para oir todas nuestras plegarias y por eso nos parece que a veces no nos oye; un Dios poderoso, sí, pero con un poder limitado como para solucionar solamente las cosas que a nuestro modo de ver son solucionables, porque nos da la sensación de que los milagros son cosa de otro tiempo.

La Biblia nos habla de un Dios personal, un Dios que se interesa genuinamente por tí y por mí, aunque a veces no logremos entender cómo es esto posible. Aún el sacrificio de Cristo en la cruz ha perdido valor ante nuestros ojos a fuerza de habernos insensibilizado frente a las múltiples imagenes de nuestro Señor crucificado, a fuerza de verlo en las películas, en los libros, en las obras de arte, en fin...

Hoy simplemente quiero invitarte a reflexionar en que Jesucristo de Nazareth, el Rey de Reyes y el Señor de Señores, es un Dios que está interesado en que nos relacionemos personal e íntimamnete con Él. Quiere que rompamos los esquemas, que abandonemos los paradigmas y aún las ideas preconcebidas que tenemos en torno a Él, y nos dediquemos a buscar Su rostro, nos interesemos por conocerlo y aprender de Él.
Jesús quiere ser tu amigo, quiere ser mi amigo, y quiere en lo más interno de Su ser, que tú y yo revisemos la calidad de nuestra relación con Él y nos comprometamos de verdad a seguirlo.

Ese es el reto. La verdadera decisión de esta generación. Tú decides.

Mi Señor, el Dios conocido, te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN



martes, noviembre 21, 2006

EN LA BOCA DE LOS LEONES

"El rey entonces dio órdenes que trajeran a Daniel y lo echaran en el foso de los leones. El rey habló a Daniel y le dijo: Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, El te librará. Trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso; el rey la selló con su anillo y con los anillos de sus nobles, para que nada pudiera cambiarse de lo ordenado en cuanto a Daniel. Después el rey se fue a su palacio y pasó la noche en ayuno; ningún entretenimiento fue traído ante él y se le fue el sueño. Entonces el rey se levantó al amanecer, al rayar el alba, y fue a toda prisa al foso de los leones. Y acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada. El rey habló a Daniel y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, que cerró la boca de los leones, y no me han hecho daño alguno porque fui hallado inocente ante El; y tampoco ante ti, oh rey, he cometido crimen alguno. El rey entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Cuando Daniel fue sacado del foso, no se encontró en él lesión alguna, porque había confiado en su Dios."
(Daniel 6:16-23, LBLA)

Hace algunos días tuvimos ocasión de hacer una reflexión grupal sobre todo el capítulo sexto del libro de Daniel, el cual indudablemente es muy rico en enseñanzas, como de hecho lo es toda la Palabra de Dios.

Pero entre las cosas que me impactaron fue reconocer que cotidianamente nos vemos, al igual que Daniel, a leones fieros que nos acechan y de hecho muchas veces nos sentimos acorralados y sin salida, al igual que debía verse el profeta.

Sin embargo, cuando las circunstancias nos son adversas hay algo determinante en el resultado final, y es nuestra actitud. El relato bíblico no nos dice qué pensó Daniel en esa larga noche, ni en qué modo exactamente ocurrieron los hechos, pero es categórica al afirmar que "no se encontró en él lesión alguna, porque había confiado en su Dios". La fe le dio la victoria.

Quizás tus leones y los míos no se parezcan mucho a la imagen tradicional del rey de la selva, pero a veces son mucho más feroces y sobre todo, los enfrentamos con más temor. Dificultades, dudas, enfermedades, discordias...existe una infinita gama de leones con los que tenemos que luchar cada día. Y de nosotros depende escoger entre la desesperanza o la fe, entre las limitaciones de la realidad material o la capacidad ilimitada que brinda la realidad espiritual, entre la impotencia humana y el poder de Dios. Como ves, esta decisión es un asunto de fe.

¿Cuáles son tus leones? ¿Cómo les vas a hacer frente? Quizá valga la pena recordar las palabras de Josué 23:14: "He aquí, hoy me voy por el camino de toda la tierra, y vosotros sabéis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que ninguna de las buenas palabras que el Señor vuestro Dios habló acerca de vosotros ha faltado; todas os han sido cumplidas, ninguna de ellas ha faltado".

Que Dios siga bendiciéndote,

JORGE HERNÁN

jueves, noviembre 16, 2006

VICTORIA A TRAVÉS DE LA FE

"Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe."
(1 Juan 5:4)

Cuando miro hacia atrás y veo el camino por el cual me ha traído el Señor no puedo menos que regocijarme y darle gracias por Su amor infinito. Comprendo que he atravesado momentos extraordinariamente difíciles y sin embargo estoy "al otro lado del Jordán", porque he creído en el Dios poderoso y maravilloso que me creó y me cuida a cada instante.

Vivir situaciones críticas no es extraño para el ser humano. De hecho, todos sabemos que el carácter se forma y solidifica especialmente en los momentos de crisis. Esto es verdad para mí y también para tí, solo que cada uno de nosotros es una creación única y por lo tanto hay ciertas vivencias frente a las cuales somos más o menos vulnerables que otros. Hay quienes afrontan las situaciones más terribles pero se desmoronan frente a un problema de salud, líderes empresariales capaces de rescatar a una compañía de la quiebra pero que trastabillan a la hora de enfrentar una crisis familiar, guerreros espirituales que batallan en oración contra dificultades inmensas pero que tambalean cuando ven su billetera vacía. Afrontar eventos críticos no es fácil pero hace parte del hermoso proceso de transformación que Cristo está interesado en abordar conmigo y contigo.

Releo la promesa a la que se refiere San Juan: todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. ¡Qué frase tan espectacularmente poderosa! Afirma una verdad espiritual incontrovertible: no hay problema lo suficientemente grande como para que Dios no lo pueda manejar, ni hay nada en el mundo frente a lo cual nosotros - nacidos de Dios - no tengamos en nuestras manos la victoria.

"...Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe". Cuando de verdad tenemos fe, es decir cuando conocemos realmente a Aquel en el cual hemos creído sabemos que la victoria ya es un hecho, y que no existe ninguna circunstancia que anule esta realidad. A veces darnos cuenta de que desde el comienzo ya eramos vencedores toma tiempo, pero cuando nos aferramos a la Verdad que está contenida en la Palabra no podemos menos que sonreir y dar gracias a Dios por hacernos "más que vencedores".

Te invito a que te tomes unos minutos y agradezcas a Dios por darte una vida victoriosa y porque, pase lo que pase, Cristo ya ganó la victoria para tí. Simplemente confía, y verás cuán cierto es.

Bendiciones en Jesucristo para tí y los tuyos,

JORGE HERNÁN

lunes, noviembre 06, 2006

NUESTRO DIOS ES DIOS ALEGRE

"Que está en medio de ti Yahvé
como poderoso Salvador;
se goza en ti con alegria,
te renovará en su amor,
exultará sobre ti con júbilo"
(Sofonías 3:17, NC)


¡Qué hermosa verdad la contenida en esta poderosa escritura! Para mí es un verdadero gozo escuchar cada semana en la iglesia el jubiloso cántico de Aline Barros que nos recuerda que tenemos un Dios alegre, pero cuando releo esta cita y veo que yo soy motivo de gozo para mi Señor, entonces no puedo dejar de experimentar una alegría extraordinaria.

Tengo un Dios poderoso que me renueva cada día, que me ama tanto que aunque yo era un pecador completamente alejado de Él, vino a morir en la cruz por mí. Sin embargo, no se conformó con dejarme así. Su gracia es transformadora y Él está en medio de mí para tratar conmigo y hacer que yo mengüe a fin de que Él crezca. Es justamente Su amor el que produce en mí la renovación de mi mente y mi espíritu cuando yo me dispongo verdaderamente a verlo obrar en mi vida.

De un tiempo para acá, Dios viene haciendo una cirugía espiritual profunda en mi vida y lo primero que ha abordado es mi actitud. Está trabajando en ella, puliendo cada detalle, y a veces sacando una que otra espina, en ocasiones desde muy adentro, pero sé que cada vez que ve cómo avanza la buena obra que comenzó en mí, se goza. Me agrada imaginar a Jesucristo sonriendo tierna y alegremente cuando observa el fruto de Su Espíritu obrando en mi vida.

Amigo, tenemos un Dios alegre, y hoy te invito a hacerle sonreir. Déjate transformar por Él. Confía simplemente.

Bendiciones sobreabundantes en Cristo Jesús,

JORGE HERNÁN