martes, octubre 10, 2006

MILAGROS INESPERADOS

"De pronto, al cortar un tronco, a uno de los profetas se le zafó el hacha y se le cayó al río.
- ¡Ay, maestro! - gritó. - ¡Esa hacha no era mía!
- ¿Dónde cayó? - preguntó el hombre de Dios.
Cuando se le indicó el lugar, Eliseo cortó un palo y, echándolo allí, hizo que el hacha saliera a flote.
-Sácala - ordenó Eliseo.
Así que el hombre extendió el brazo y la sacó."
(2 Reyes 6:5-7, NVI)



Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar una conferencia para parejas basada en el relato bíblico de las bodas de Caná. Uno de los elementos centrales que se observa en este relato, decía el orador, es la disposición oportuna de los sirvientes a hacer lo que Jesús les dijo. Desde el punto de vista humano, efectivamente, parecía sin sentido llenar de agua una tinaja tras otra cuando lo que hacía falta en la fiesta era vino. Pero siguiendo instrucciones de María, los sirvientes no solo llenaron las tinajas sino que se las llevaron al maestresala, es decir, al encargado del banquete, quien pudo constatar que estaban llenas de vino de la mejor calidad.

En el relato del segundo libro de los Reyes del cual extractamos los versículos con los que empezamos esta reflexión, Dios pasó por encima de las leyes de la física para obrar por medio del profeta Eliseo y hacer flotar un hacha en el Jordán. El desespero del profeta al que se le cayó el hacha sumado a la necesidad de recuperarla derivó en este otro milagro inesperado.

Dios no tiene límites, y Su mano no se ha acortado (Isaías 59:1). Es más bien nuestro empeño en encasillar al Señor dentro de las paredes de nuestra limitada mente y entendimiento lo que hace que perdamos la disposición a verle obrar de una manera sorprendente.

La buena nueva es que Dios está listo para obrar milagros inesperados en tu vida y en la mía a
cada momento. Cuando abrimos nuestro corazón y disfrutamos de una verdadera e íntima comunión con Él, el Señor mismo nos ayuda a expandir nuestra mente y nuestro corazón para alistarnos a recibir lo que tiene para darnos.

Cualquiera que sea tu situación hoy y sin importar el tamaño del milagro que talvez estás necesitando hoy, recuerda que Dios puede hacerlo. Deja que Él saque a flote lo que tenga que sacar y prepárate para verlo en acción.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

jueves, octubre 05, 2006

CAMINANDO EN LIBERTAD

"Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud"
(Gálatas 5:1, NVI)

De todos los mensajes del Evangelio de la gracia, el que más me gusta es el que se refiere a la libertad. Las religiones encadenan pero Cristo libera. Las religiones están llenas de normas, preceptos y reglas a observar, porque generalmente dan mayor importancia a lo externo que al hombre interior. "La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón", es la respuesta divina a esta manera de ver la vida (1 Samuel 16:7).

Pablo conocía bien a las personas religiosas y sabía qué era lo que se escondía detrás de ellas, por ello tuvo que advertir a los colosenses: "Si con Cristo ustedes ya han muerto a los principios de este mundo, ¿por qué, como si todavía pertenecieran al mundo, se someten a preceptos tales como: "No tomes en tus manos, no pruebes, no toques"? Estos preceptos, basados en reglas y enseñanzas humanas, se refieren a cosas que van a desaparecer con el uso" (Colosenses 2:20-22). Sin embargo, dado el marco cultural en que vivimos y las raíces en las que se desarrolló originalmente el proceso de evangelización en América Latina, llegamos a un punto en el que aquellos que no caminan en Cristo están convencidos de que los cristianos vivimos con dificultad un evangelio lleno de restricciones y prohibiciones. Suponen que no podemos bailar, no podemos beber alcohol, no podemos fumar, etc. sin entender que nuestra vida está marcada justamente por la libertad que nos dio Cristo gracias a la cual ya no estamos sometidos a los preceptos de este mundo. Cuando estábamos en ellos, en efecto, no podíamos dejar de hacer aquellas cosas porque la presión de grupo y los cánones mundanos así nos lo imponían. Si los demás bebían, teníamos que beber; ahora somos libres para no hacerlo con la libertad que Cristo nos dio.

No sé bien si aún en tu vida hay ataduras que están amarrando a un estilo de vida mundano; si es así, pídele al Creador que te despoje de ellas, que te libere y que no te permita sujetarte de nuevo al yugo de la esclavitud. Jesús vino a traerte una nueva libertad, acompañada de la dosis necesaria de responsabilidad para poderla administrar. No puedes caer en imposiciones humanas pero tampoco en prohibiciones que han sido establecidas no por Dios sino por los hombres.

Desarrolla una comunión íntima con tu Señor para que aprendas a escuchar Su voz y seguirle, y a saber qué es lo que Él ve con agrado y qué no, recordando en todo caso que "todo lo que no se hace por convicción es pecado" (Romanos 14:23).

Que los cielos se abran sobreabundantemente para ti en este día,

JORGE HERNÁN


miércoles, octubre 04, 2006

BUENA PALANCA

"Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del SEÑOR; El lo dirige donde le place"
(Proverbios 21:1, LBLA)

Me encanta este versículo; de hecho, es una de mis citas predilectas. Me dice que cuento con la mejor "palanca" del mundo: Dios. Es Él el único que tiene el poder de inclinar el corazón de aquellos que toman decisiones. El diccionario Espasa-Calpe trae dos definiciones de rey. La más obvia, "monarca o soberano de un reino". La otra, "alguien que sobresale entre los demás de su clase o especie por sus cualidades superiores". Ambas apuntan hacia lo mismo, es decir, hacia personas que tienen una autoridad que les ha sido conferida por Dios (cfr. Romanos 13:1).

La Escritura es clarísima al señalar que el Señor toma el corazón de estos individuos y lo dirige hacia donde a Él le place. Sean o no conscientes de ello, tales personas son simples canales de la voluntad de Dios y por lo tanto están sujetos a ella.

Cuando uno enfrenta una dificultad, digamos al realizar un determinado trámite ante una institución, muchas veces llega a un cuello de botella en el que se evidencia de hablar con un superior del funcionario que está entrabando las cosas para que intervenga en favor de una pronta solución. Y en la vida práctica, no importa el nivel de la persona en cuyas manos está la capacidad de tomar decisiones que nos afectan, siempre tenemos la opción de ir donde el Superior para que Él se encargue de inclinar su corazón.

"Dádme una palanca y moveré el mundo", es una frase que usualmente se atribuye a Arquímedes y en el mundo empresarial la expresión se utiliza a veces como sinónimo de la importancia de contar con un apoyo privilegiado para avanzar exitosamente.

Hoy quiero recomendarte la mejor palanca: el Señor. Ensaya y verás que tengo razón.

Dios te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN

martes, octubre 03, 2006

¿QUÉ TIENES EN LA MANO?

"Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. El le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella."
(Exodo 4:1-3, RV60)


Dios nos dotó con diferentes habilidades, dones y talentos. Los distribuyó de acuerdo con Su voluntad y en armonía con Su plan perfecto, de manera tal que pudiéramos servirle al ponerlos nosotros mismos al servicio de los demás. A Moisés le preguntó qué tenía en la mano, para hacerle entender que los recursos que le había dado, y no aquellos de los que carecía, eran los que iban a servirle para cumplir la tarea que le iba a encomendar. Mucho tiempo después, Eliseo le preguntó a la viuda de Sarepta: "¿qué tienes en casa?", antes de ser un instrumento divino para el milagro de multiplicar el aceite y permitirle a la viuda saldar sus deudas. Jesús de Nazareth hizo del agua que le facilitaron en las bodas de Caná el mejor vino. Dios siempre se vale de lo que tenemos, no de lo que nos falta.

Muchas veces nos permitimos una pausa para servir a Dios esperando algo que no sabemos si ha de llegar. Tenemos las herramientas pero no las usamos, nos quedamos esperando a tener más dinero, más tiempo libre, mayor conocimiento, etc., etc. Me admira ver lo que dice Hechos 4:13 acerca de dos de los más reconocidos gigantes de fe: "Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús."

No sé si experimentes lo mismo al releer este pasaje, lo que yo veo es que la comunión con Jesús, la llenura del Espíritu Santo y la cobertura del Padre eran tan grandes y tan fuertes para estos dos hombres, que ellos mismos no estaban esperando ningún evento futuro para decidirse a ser instrumentos de bendición para otros. Trabajaron con lo que tenían. "Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído", dijeron (Hechos 4:20) y pusieron manos a la obra. La Biblia no nos dice nada de cuál era su situación financiera, su estado de salud o su disponibilidad de tiempo; en cambio sí nos confirma que eran personas "sin estudios ni preparación", y aún así no buscaron excusas para posponer su tiempo de servicio.

Recuerda que fuimos formados para servir a Dios, y el servicio hace parte de tu rol como creyente y discípulo, no es algo reservado solamente a los ministros. Así que piensa qué es lo que tienes en tu mano, cuáles son esos talentos con los que Dios naturalmente te dotó y pónlos a trabajar para Él desde ya. Te aseguro que verás pronto la recompensa.

Bendiciones fraternales en Cristo Jesús,

JORGE HERNÁN

lunes, octubre 02, 2006

POCA COSA

"Esto es poca cosa para el Señor, que además entregará a Moab en manos de ustedes."
(2 Reyes 3:18, NVI)


El contexto de este versículo es la marcha de los reyes de Israel, Judá y Edom contra los moabitas que se habían rebelado contra el primero de éstos, Jorán, quien estaba convencido de que iba a ser derrotado. Después de siete días de marcha por el desierto los animales se quedaron sin agua y el Señor, a través de Eliseo, les dijo que abrieran zanjas por todo el valle y este se llenaría de agua. Es allí cuando Eliseo pronuncia las palabras del versículo que abre esta reflexión.

Para el Señor, mis queridos amigos, no hay dificultades suficientemente grandes. Tal es Su poder y majestad que definitivamente no hay quién se le pueda enfrentar. Incluso la legendaria contienda entre el bien y el mal no es una lucha entre iguales, sino entre un Dios Glorioso y Todopoderoso y un enemigo derrotado y avergonzado. No perdamos nunca esto de vista.

Sé que a veces enfrentamos situaciones que nos parecen imposibles de resolver. Crisis matrimoniales, bancarrotas, enfermedades graves, desgracias familiares...en fin, lo único cierto es que cuando Dios se para de frente y ve tu situación, dice "esto es poca cosa para el Señor". El tamaño de tu milagro realmente depende del tamaño de tu Dios. Si eres consciente de quién es Aquel en el que está puesta tu fe, no hay obstáculo insalvable para tí.

Anímate, hoy Dios va a hacer cosas grandes.

JORGE HERNÁN

jueves, septiembre 28, 2006

VIDA ETERNA

"Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente..."
(Juan 11:26)

A la memoria de John Jairo Vélez

Ayer en la tarde John Jairo tuvo su cita más importante del año: se encontró con el Señor, para descansar eternamente en Su presencia después de llevar una tormentosa existencia en esta tierra. Fue ejecutivo exitoso y empresario independiente antes de hundirse en el abismo del alcohol y las drogas, del cual solamente pudo rescatarlo la mano amorosa de Jesús de Nazareth. Recibió palabra, y el amor y el cuidado de una iglesia pero la calle lo atraía poderosamente, hasta que una mañana de septiembre de 2004 fue a parar a un hogar de paso del Departamento Administrativo de Bienestar del Distrito y empezó su recuperación.

"Quiero que mi testimonio de vida tenga un buen final", le dijo un día a su amigo Javier y se convirtieron en socios de una nueva firma de productos de papelería, que no logró consolidarse en medio de un mercado ferozmente competitivo que no es muy benévolo con los nuevos agentes. John estaba convencido de que viviría diez años más, según le dijo a "El Tiempo" en un reportaje en febrero pasado. "He recobrado dignidad y respeto, la gente ya no cambia de andén cuando me ve en la calle", decía.

Su sueño era volver a proyectarse como el hombre de negocios que una vez fue, y agarrado de pies y manos del manto del Señor se decidió a reandar ese trayecto. Tuve la oportunidad de verlo varias veces a lo largo de sus últimos meses de vida, y aunque a veces su estado de salud y las condiciones del negocio parecían estar decididamente en su contra, él optó por confiar en Dios. Me decía que era muy difícil, tenía muchas preguntas que hacerle a Dios pero estaba convencido que si se soltaba de Él, perdería lo que había ganado.

Las últimas semanas fueron abrumadoras: entre el momento del diagnóstico de su enfermedad terminal y el de su muerte pasaron apenas unos pocos días, en una rápida pero dolorosa agonía.

Hoy John Jairo está en casa y su testimonio ciertamente tuvo un buen final. El de un hombre que decidió caminar con Jesús y vivir una vida recta arrancando de ceros pese a haber dejado atrás los mejores años de su juventud. El de un varón que luchó hasta el final por recuperar el amor y la honra de parte de sus hijos y de quienes le rodeaban, mostrando señas evidentes de verdadera hombría.

Los propósitos de Dios son inescrutables para el hombre y a veces desde el punto de vista estrictamente humano quizás nos preguntemos por qué las cosas no ocurren de otra manera, pero el Señor ve la vida de una forma distinta. "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá", afirmó Jesús (Juan 11:25) y esa esperanza gloriosa nos mantiene animados con respecto a lo que será nuestro encuentro final con Cristo.

En este momento, me dice mi socio "realmente este hombre pasó a mejor vida". Tiene razón.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

miércoles, septiembre 27, 2006

COMPROMISO ETERNO

"Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida. Si ustedes no están dispuestos a morir en una cruz y a hacer lo que yo les diga, no pueden ser mis discípulos."
(Lucas 14:26-27, LBLS)



Dice la Escritura que el Señor es un Dios de pactos, y se complace en honrarlos. Pero todo pacto implica un compromiso, y en el caso del caminar cristiano estamos hablando de un compromiso de vida. Dice un autor con sobrada razón que el Evangelio no hace distinción alguna entre creyentes y discípulos, es decir, una condición implica la otra.

En lo que sí existe una clara diferencia es entre un simpatizante de Cristo y un seguidor de Cristo. El primero encuentra interesantes las ideas cristianas, quizás impactante el testimonio de vida de Jesús y hasta posiblemente le parezca llamativo el modo de vida cristiano, pero no se compromete. El seguidor, en cambio, es un creyente que justamente en razón de su fe vive lo que cree y se compromete con esa forma de vida. Para él, el amor a Dios está VERDADERAMENTE por encima de todas las cosas y eso se refleja en su andar diario y en las prioridades que maneja. El discípulo tiene un compromiso de vida con Cristo y un llamado claro y contundente a la santidad, la cual vive en todos los escenarios. Comprende que el cristiano ha renunciado a sí mismo y a todo lo que posee, que ha sujetado todas las cosas al amor a Cristo y que no se mueve de manera diferente en un ambiente secular a como lo hace en la iglesia el domingo.

Cuando Jesús proclamó estar buscando pescadores de hombres, estaba hablando de esta clase de creyentes, que tuvieran un compromiso eterno con la Verdad y que estuvieran dispuestos a entregar su vida por ella. Cassie Bernall, una joven adolescente víctima de la masacre de Columbine que fue asesinada después de confesar su fe en Dios, dejó un conmovedor testimonio de lo que significa COMPROMISO. Misty Bernall, su madre, escribió un conmovedor libro titulado "Ella dijo sí", del cual provienen estas líneas: "Mucho antes de morir, Cassie había decidido dejar de pensar tanto en sí misma — ya no pretender que todo le saliera según ella se lo imaginaba, ni preguntarse qué iba a ofrecerle la vida a ella, sino averiguar qué podía contribuir ella a la vida. No es cuestión de grandes hazañas, sino de no ser egoísta en las pequeñas cosas. Cassie solía ir con nosotros a un centro para drogadictos, donde comíamos con los muchachos, jugábamos al baloncesto, o simplemente pasábamos un rato charlando con ellos. Era tan simple: decirle ¡hola! a alguien y charle la mano en vez de mirar al otro lado; ser amable, hacer sacrificios por algo de más valor que nuestra propia felicidad y nuestro bienestar."

Dios nos invita a una vida de compromiso, y escogerla no es optativo para el creyente. ¿Qué quieres hacer tú? Tu respuesta definirá realmente si eres o no Su seguidor.

Un abrazo de bendición,

JORGE HERNÁN

martes, septiembre 26, 2006

DULCE REFUGIO

"Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna"
(Juan 6:68, LBLA)


Hay una muy conocida canción cristiana que lleva por título el mismo del mensaje de hoy, y lo que nos dice básicamente es que en medio de la tormenta Jesucristo es nuestro dulce refugio.

En ciertos momentos de la vida podemos sentir que las circunstancias son tan difíciles que no hay salida. Pero la buena nueva es que Jesucristo es la salida. En efecto, Él se hizo hombre, "uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15). Cristo experimentó en carne propia y de muchas maneras las más variadas emociones y sentimientos, incluyendo por supuesto la sensación de abandono. Él por lo tanto es el único que verdaderamente nos puede comprender.

Esta mañana visité a un buen amigo que está muriendo de SIDA. Tuvo grandes oportunidades en su vida pero escogió el camino de las drogas. Lo conocí en lo más profundo de su laberinto personal y tuve ocasión de compartirle el Evangelio. Aunque le perdí el rastro, en febrero de este año algunos medios de comunicación divulgaron su historia: la de un hombre "que regresó del infierno de las drogas", como lo tituló el diario "El Espectador". Comentaban que se había convertido en un próspero empresario, y eso fue lo que encontré cuando tuve la posibilidad de encontrarme una vez más cara a cara con él. Pero las consecuencias físicas de una siembra equivocada por años hoy hacen mella en su cuerpo. Sentí la desgarradora angustia de su madre, la impotencia de su tía, la tristeza de su ex-socio, al ver nuevamente desmoronarse a este hombre. Y en lo personal me impactó dolorosamente el verlo, prácticamente en estado terminal. Lo único reconfortante es saber que entregó su vida a Cristo y en sus últimos años tomó la decisión de caminar seriamente con Él, aún en momentos particularmente complicados.

De regreso del hospital vine a mi oficina reflexionando y orando, y mi conclusión es la de Pedro: ¿a quién iremos, si no a Jesús? Él tiene palabras de VIDA ETERNA, las únicas válidas, las únicas satisfactorias, las únicas que consuelan, las únicas que alientan y alimentan, las únicas que nos permiten descansar en Él.

No hay otra opción legítima, y es hermoso saber que tú y yo hemos decidido elegirla.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, septiembre 25, 2006

PRESENCIA IMPERCEPTIBLE

"Al despertar Jacob de su sueño, pensó: «En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta.»"
(Génesis 28:16, NVI)


Muchas veces, particularmente en tiempo de dificultad, experimentamos de un modo especialmente fuerte lo que algunos llaman "el silencio de Dios". Parecería como si no nos escuchara y al ser incapaces de percibirlo mediante nuestros sentidos corporales terminamos por creer que está ausente.

Hay expresiones coloquiales como "Dios se olvidó de mí" o "tengo el Cristo de espaldas", que aunque atrevidas a veces brotan incluso de los labios de personas que se dicen seguidoras de Jesús de Nazareth. Y aunque parezcan fuertes, en el fondo son incluso más suaves que las que leemos en algunos salmos, o aún las que en algunos momentos de áspera tribulación salieron de la boca de Job. Además, lo único que hacen es reflejar un estado del alma, en el que esta se encuentra tan turbada que no logra comprender la realidad de que Dios está presente.

Y no lo está solo por el hecho de que sea omnipotente, sino sobre todo porque tiene un interés manifiesto por mí y no puede dejar de acompañarme. Lo importante pues no es clamar al Señor para que Él se "acuerde" de mí (Isaías 49:15 dice que aún si mi madre me olvidara, Él jamás lo haría) ni tampoco para que me oiga (Salmos 34:15 manifiesta que sus oídos están atentos a mi clamor), sino que yo sea consciente de que Su presencia en mi vida y en medio de mis circunstancias es siempre real, independientemente de lo que me dicten mis sentidos.

Cuando yo lo comprenda, me sentiré menos solo. Me ocurrirá lo de Giezi, el siervo de Eliseo, que solo empezó a comprender la realidad espiritual cuando su amo oró al Señor para que le abriera los ojos (2 Reyes 6:8-23). Y sabré que ciertamente estoy en las manos del Todopoderoso que me ama y permitirá que todas las circunstancias obren en mi favor, a su debido tiempo.

Mi oración hoy es para que tú y yo podamos decir después de todo: "En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta."

En el amor de Cristo,

JORGE HERNÁN

viernes, septiembre 22, 2006

EL DIOS QUE NOS FORTALECE

"El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas"
(Isaías 40:29)


Si no es Dios quién me da fuerzas, entonces ¿quién lo hará? La Escritura dice que Él es mi fortaleza y yo quiero aferrarme a esta profunda verdad. Mi reflexión de hoy será breve: si estás en un punto del camino en el que sientes que las fuerzas te fallan, simplemente ve a la presencia del Señor y pídele que cumpla en tí Su promesa. Las circunstancias cotidianas a veces pueden ser tan abrumadoras que se hace evidente que sin ayuda extra definitivamente es imposible continuar. En ese punto no hay alternativa distinta, gracias a Dios, que buscar Su rostro y sacar fuerzas de la Fuente misma de fortaleza.

"Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas..."
(2 Timoteo 4:17, NVI)

jueves, septiembre 21, 2006

OREN

"Oren sin cesar"
(1 Tes 5:17, NVI)

"Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento"
(Colosenses 4:2, NVI)


Esta mañana estábamos reunidos con unos amigos y traíamos a la memoria las palabras de un muy querido pastor quien después de que se le pedía consejo por cualquier situación, aún la más compleja, respondía invariablemente (supongo que lo sigue haciendo): "ore". Recuerdo que por mucho tiempo pensé que era una respuesta simplista, incluso a veces me parecía insensible, pero con el tiempo llegué finalmente a descubrir que pese a su simplicidad encerraba una profundidad asombrosa, porque efectivamente la oración es la llave del Reino.

En las dos escrituras que cito al comienzo, el apóstol Pablo nos invita a llevar una vida de oración, y ese debería ser el ideal para cualquier creyente. Sin embargo, a veces y debido al sinnúmero de paradigmas que manejamos asociamos el concepto "vida de oración" con un convento de monjes contemplativos, con algún santo asceta del medioevo o hasta con el término más degradante y degradado de "viejitas rezanderas". Lo que Dios espera, sin embargo, nada tiene que ver con eso. Él realmente anhela comunión, una tan grande y tan intensa que realmente aprendamos a escuchar Su voz y a seguirle, pero no es posible alcanzarla si no aprendemos a involucrar la oración continua y perseverante como parte de nuestra cotidaneidad.

La oración nos pone inmediatamente en la presencia de Dios y por consiguiente permite que a nuestra disposición estén Su poder, Su amor, Su gracia y todos los demás atributos que el Señor tiene para canalizar a través de nosotros cuando nos disponemos como vasos para que Él fluya. Pero la oración además se vuelve un arma especialmente poderosa cuando se practica comunitariamente: "dos o más" podemos acabar con legiones, y así lo entendía la iglesia primitiva cuyas reuniones tenían la oración por núcleo esencial. Por eso cuando la practicamos en pareja, en familia, o en comunidad, adquiere una dimensión diferente.

No sé qué situación estarás viviendo hoy, pero te doy un consejo: "ora".

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN

miércoles, septiembre 20, 2006

RESCATANDO A LOS PERDIDOS

"Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido"
(Lucas 19:10)

Leo que la palabra "perdido" en el original griego no tiene que ver con el concepto de "perdición" sino que está más asociado al de "extravío". Parafraseando, entonces, la Escritura nos dice que Jesucristo vino a rescatar a quienes estábamos, como en un popular comercial de televisión, "en el lugar equivocado".

Como lo señala un autor, el problema de alguien que esté perdido no es el hecho como tal de extraviarse, sino que nadie lo eche de menos. Pero no es nuestro caso. El Buen Pastor miró al rebaño y dijo: "hmmmm...me falta una ovejita", y salió a buscarte.

Muchos de nosotros hemos estado largo tiempo en el lugar equivocado por falta de información. Es como si nos hubieran mandado a un lugar desconocido y no nos hubieran dado suficientes indicaciones. Quizás los hogares de los que vinimos no estaban adecuadamente fundados en la Palabra, y nuestros propios padres no tenían suficientes elementos para aportarnos con respecto a nuestras elecciones espirituales.

En otros casos recibimos el manual de instrucciones equivocado, como si hubiéramos comprado una lavadora y nos hubieran entregado el manual de una nevera o incluso de otro modelo de lavadora.

Sin embargo, el escenario talvez más frecuente es cuando hemos hecho una elección de vida del tipo "no necesito indicaciones, yo sé como moverme". En la gran mayoría de los casos, hemos terminado literalmente extraviados. En la carta de Pablo a Tito esa es justamente una de las palabras que el Señor utiliza para describir nuestro status anterior (Tito 3:3), y expresa claramente la condición de quien no sabe dónde está parado, aunque a veces estamos tan autoengañados que sostenemos: "yo sé lo que hago". En esta categoría incluso están quienes se apegan a su propio criterio pero con la íntima convicción de estar siguiendo direcciones divinas. El problema es que igual están perdidos.

Hay, no obstante, una posibilidad peor: la de abandonar el Camino correcto. "Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad", dice Pedro (2 Pe 2:15). Estamos hablando aquí de quienes después de poner la mano en el arado vuelven la vista atrás. La Biblia nos dice claramente que quienes están en tal situación, no son aptos para el reino de Dios (Lc 9:62).

¿Estás hoy en el lugar correcto o en el lugar equivocado? Así creas que la respuesta es obvia, pregúntaselo al Señor en oración y pídele que te marque el sendero por el que debes andar. A fin de cuentas, Él vino a buscarte y a rescatarte y no quiere volver al rebaño con las manos vacías...

Un fraternal abrazo de bendición en Cristo Jesús,

JORGE HERNÁN

martes, septiembre 19, 2006

NUEVAS CRIATURAS

"Cuando alguien se convierte a Cristo, se transforma en una nueva criatura. Su existencia anterior queda atrás, y él comienza a vivir una nueva vida, a ser parte de una nueva creación"
(2 Corintios 5:17, Castilian)


Hoy quiero seguir reflexionando sobre el concepto de la gracia transformadora. Me parece que muchos creyentes, después de asombrarnos con el concepto cristiano de la gracia empezamos a familiarizarnos con él a tal punto que comenzamos a manosearlo, e incluso a convertirlo en una licencia para pecar. Creemos que por haber repetido una oración de fe estamos blindados contra la condenación olvidando la amonestación de Pablo en Romanos 6:15 (NVI): "Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!".

Un verdadero discípulo de Cristo, que lo ha recibido verdaderamente por fe en su corazón, empieza a descubrir que la aceptación del señorío de Cristo le conduce a un proceso vivencial de transformación. Y en ese proceso la nueva criatura se despoja de las "cosas viejas": malos deseos, hábitos poco sanos, pensamientos inapropiados, etc. Comenzamos a ser parte de una nueva creación, como dice la Escritura, y ello implica olvidarnos de lo que quedó atrás y proyectarnos hacia el futuro en una nueva y poderosa dimensión. Nuestra existencia anterior pierde sentido, lo que importa es el Camino que tenemos por delante.

La gracia transforma. Los cristianos tenemos que ser diferentes, se nos tiene que notar que andamos con Jesús, como nos relata Hechos 4:13 que les ocurrió a Pedro y a Juan. Si después de haber declarado que le entregamos nuestra vida a Cristo seguimos iguales es muy probable que nuestra rendición no haya sido genuina; quizás nos faltó "creer con el corazón". En ese caso, más vale que reflexionemos, nos examinemos nosotros mismos, y luego vayamos a la presencia del Señor para decirle: "Nunca es tarde. Aquí estoy para rendirte mi vida, reconocer mi pecado y aceptarte como Señor y Salvador. Me arrepiento de haberte contristado pero a partir de hoy quiero caminar en el centro de Tu voluntad bajo la tutela de tu Santo Espíritu. Al recibirte hoy de verdad quiero empezar a ver cambios en mi vida, anhelo que se me note que soy un discípulo tuyo. Te lo ruego, Jesús. Amén".

Dios te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN

lunes, septiembre 18, 2006

EN SINCRONÍA CON DIOS

"Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos, afirma el Señor. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!"
(Isaías 55:8-9)


Muchas veces hemos oído hablar del tiempo de Dios, y muchas veces se nos ha dicho que es distinto al nuestro, pero cuesta entenderlo en lo profundo de nuestro corazón. Sin embargo, si nos remontamos a las Escrituras, vemos en 2 Corintios 6:2 la expresión "tiempo aceptable", a la que en otras versiones se le da el sentido de "propicio", "favorable" u "oportuno". Lo que eso significa es simple y llanamente que Dios nunca se equivoca en el manejo de tiempos. Finalmente es omnisciente y por tanto Su sabiduría rebasa con creces a la nuestra.

Pero nosotros, a pesar de nuestras limitaciones, creemos a veces que sabemos más que Dios. Aunque no lo verbalicemos de ese modo, de hecho con frecuencia le reclamamos porque no encontramos una respuesta a nuestras ocasiones que nos satisfaga. Queremos que las cosas se resuelvan a nuestra manera y cuando digamos. En últimas, esperamos contar con un Dios de bolsillo y olvidamos que estamos tratando con el "dueño del aviso", el Señor de la Creación, el Alfa y la Omega...Dios, quien todo lo sabe y todo lo puede, y que tiene todas las circunstancias bajo control.

Ayer sintonicé por casualidad una prédica del pastor Jhon Milton Rodríguez y decía más o menos: "aprende a esperar el tiempo de Dios para que, cuando Él considere que ha concluido tu proceso de formación y estés preparado para recibir la bendición, puedas efectivamente recibirla sin que te dañe". Espectacular. A veces creemos que estamos preparados para recibir la respuesta que queremos a nuestras oraciones, y en el fondo lo que el Señor quiere que comprendamos es que el proceso de "preparación" solo concluye en Su tiempo, cuando Él considera que todas las áreas que necesitaban ser moldeadas por Su mano durante el proceso ya han sido trabajadas.

Por cierto, hace unos días recibí de una amiga una sugerencia para "agilizar" el proceso, que hoy comparto contigo: sea lo que sea que estés viviéndolo, trabájalo en oración con el Señor, pídele que te muestre qué aspectos de tu vida están siendo confrontados en el momento que estás viviendo y pídele que obre una perfecta sanidad en ti. Esta es la única manera en la que puedes irte sincronizando con Dios.

Dios te siga bendiciendo,

JORGE HERNÁN

viernes, septiembre 15, 2006

CERCA DE ÉL

"Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca"
(Apocalipsis 3:16)

Hay algo que nos acerca profundamente a Dios y es un corazón comprometido. Y algo que nos aleja tremendamente, que es la apatía, la cual bien podría traducirse como tibieza. Hoy cedo todo mi espacio a Jill Carattini, de RZIM, cuyos escritos frecuentemente me bendicen:


09/15/06
CERCA DE ÉL
Jill Carattini
A Slice of Infinity, Copyright (c) 2006 Ravi Zacharias International Ministries (RZIM)



Un conocido mío recientemente me expresó su frustración a causa de la indiferencia. Me dijo que se sentía disgustado cuando sus amigos mostraban desinterés al intentar compartirles ideas acerca de Dios. Sus amigos no se quejaban en particular con respecto a Dios, pero sencillamente el tema no les interesaba. Me dijo, “no puedo entender una mente que no necesite saber si Dios existe, lo que significa que Cristo fuera quien dijo ser, o si alguna de estas dos cosas es falsa”.

Si la gran búsqueda de la vida es descubrir quién somos, descifrar por qué estamos aquí, saber a dónde vamos, entonces es ofensivo y hasta asombroso ver que muchos dejan de lado la búsqueda de la verdad a cambio de un propósito menor. Al igual que mi conocido, Blas Pascal se sentía profundamente frustrado por la tendencia humana de evitar directamente la verdad, en especial cuando esto implica un reto a nuestro sentido de comodidad. Otro gran pensador, C.S. Lewis, se sentía molesto por la propensión humana a evitar por completo el pensamiento. Al señalar la diferencia fundamental entre los humanos y los animales, él explica que lo que hace humana a una persona es su deseo de conocer cosas, de preguntar, de examinar y de entender. Cuando una persona pierde este deseo, es como si hubiera llegado a convertirse en alguien poco menos que humano.

Parece sobrevenir cierta responsabilidad de ser humanos. Hay grandes preguntas de tremendo alcance que todos nosotros podemos escoger ignorar por completo, pero al hacerlo debemos darnos cuenta de que no darles respuesta es en cierto sentido una respuesta. Podemos optar por no pensar en Dios o en las Escrituras o en la persona de Cristo, pero aún así estamos haciendo una elección.

En el Evangelio de Mateo, Jesús dijo “Si no están conmigo, están contra mí” (Mateo 12:30). Para muchos, sus palabras son duras de digerir. Preferimos no pensar en términos tan crudos. Pero cualquiera que haya sufrido de cualquier clase de opresión racial o religiosa es dolorosamente consciente de la verdad contenida en esas palabras de Cristo: aquellos que permanecen apáticos en un trasfondo de persecución, son ciertamente perseguidores pasivos. Si no estás conmigo, estás contra mí: la no respuesta se convierte claramente en una respuesta. Así son las cosas con Cristo.

Alguien me dijo alguna vez que lo contrario de ser como Cristo no es tanto llevar una vida pecaminosa, como normalmente esperaríamos, sino ser una persona apática. La idea es que aún el pecador más consumado que llora delante de Dios es de hecho más cercano al corazón de Cristo que quien se mantiene apático. La mujer sorprendida en adulterio y aferrada a los pies de Cristo estaba mucho más cerca del aliento divino que los hombres religiosos que estaban tras ella con piedras en sus manos. La mujer samaritana que estaba lista para oír las verdades que Jesús le ofrecía acerca de su vida estaba más cerca del Espíritu de Dios y la verdad de Cristo que muchos de los de Su propia raza. Poncio Pilatos marcó una amplia distinción con su postura apática que lo llevó a preguntar frívolamente: “¿Y qué es la verdad?” mientras que miraba fijamente a la Verdad encarnada que estaba delante de sus ojos.

Al no buscar por causa del temor, o la culpa, o el orgullo, la persona apática permanece indiferente a la vida, de tal forma que la verdad misma se le vuelve irreconocible. Pero cuando buscamos con veracidad, nos cuestionamos con esperanza o con duda, procurando cazar la verdad como si nuestra vida dependiera de ello, existimos cerca del trono de Dios. Cristo preguntó: “¿Y ustedes quién dicen que soy?”. No seamos apáticos con respecto a la respuesta.

Jill Carattini es escritora asociada senior de los Ministerios Internacionales Ravi Zacharias International en Atlanta, Georgia.

jueves, septiembre 14, 2006

GRACIA TRANSFORMADORA

"No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Entonces les declararé: "Nunca os conocí.¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!"
(Mateo 7:21-23, RV95)


Estoy leyendo un impactante libro de David Servant, titulado "The Great Gospel Deception" ("El Gran Engaño del Evangelio"). Contrariamente a lo que el título indicaría, no sugiere en lo más mínimo que el Evangelio sea un fraude sino más bien que lo hemos torcido y manipulado para que se acomode a nuestras creencias y a nuestras vivencias. Tomamos de la Palabra lo que nos sirve y desechamos fácilmente lo que nos incomoda, desplazándonos alegremente a lo largo de una nueva revelación, el "Evangelio según San Yo", como lo he compartido muchas veces al predicar.

Hablamos de gracia, y este es un concepto tan absolutamente poderoso y tan profundamente abrumador que, aún logrando comprenderlo, nos cuesta compartir. Tenemos un Padre amoroso que envió a su Hijo Unigénito a morir en la cruz por nosotros a cambio de nada. Jesucristo nos amó y nos aceptó desde siempre y pagó un alto precio por nuestra salvación. Nuestra única tarea es recibirlo como Señor y Salvador de nuestra vida y dejar que Él obre. Creer en Él, creerle a Él y confesarlo con nuestros labios, eso es todo. Sobre estas verdades bíblicas se construyó el concepto de la "oración de entrega" u "oración de fe" con la que generalmente marcamos el inicio del caminar cristiano de un recién convertido, y que consiste básicamente en reconocer el señorío de Jesús sobre nuestras vidas.

Pero eso no es realmente todo. Volvamos a la cita inicial, en la cual el Señor rechaza explícitamente a personas que no solo se decían cristianas sino que inclusive estaban al servicio de Dios, pero que no estaban haciendo la voluntad del Padre. Personas autoengañadas, viviendo una gran mentira, creyendo que iban derecho al cielo mientras transitaban ineludiblemente al infierno.

Mencioné la gracia porque hay una verdad abrumadora sobre la misma que no podemos pasar por alto: la gracia perdonadora es al mismo tiempo una gracia transformadora. Una experiencia de conversión es mucho más que la repetición ritual de una fórmula: implica un cambio de vida que se origina en lo más íntimo de nuestra mente y nuestro corazón. Cuando yo realmente recibo al Señor en mi vida y acepto que tenga ese título, mi relación con Él se basa en hacerlo real. Supone un arrepentimiento y un cambio de actitud. Conlleva una decisión de cortar radicalmente con la práctica del pecado y empezar a andar en santidad.

Ojo, no estoy hablando de religiosidad sino de compromiso de vida. Si la gracia de Dios realmente no nos ha transformado es muy posible que no hayamos experimentado una conversión genuina y entonces las promesas de perdón, justificación y redención no tienen efectividad en nuestra vida. Hebreos 11:25 advierte (RV95): "Mirad que no desechéis al que habla, pues si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desechamos al que amonesta desde los cielos". Nuestra fe tiene que traducirse en santificación.

No se trata de que Dios espera que no pequemos, aún el más justo lo hace y de hecho las Escrituras nos advierten que la única excepción a esta norma es precisamente Jesucristo de Nazareth. Pero lo que sí espera es que cortemos con la práctica del pecado, que extirpemos de nuestra vida los malos hábitos y que decidamos vivir a la manera de Cristo, "pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas" (Efesios 2:10, RV95). ¿Qué estoy diciendo? Lo que la Biblia claramente establece: que aunque la salvación no es el resultado de las buenas obras, las buenas obras son el fruto natural de nuestra salvación.

Dios ha preparado una herencia maravillosa para sus escogidos. Pero no podemos sustraernos olímpicamente a las verdades contenidas en el Evangelio en procura de que nuestro estilo de vida sea "aceptable". Un estudio de George Barna citado por Servant menciona que en un estudio realizado hacia 1998 las respuestas de quienes se identificaban a sí mismos como "cristianos nacidos de nuevo" eran virtualmente indistinguibles de los no creyentes en 65 variables no religiosas incluyendo valores, actitudes y tendencias centrales del comportamiento. Esta información estadística simplemente demuestra que muchos autoproclamados creyentes realmente no han experimentado una transformación significativa en sus vidas, haciendo caso omiso de la terrible admonición que nos hace el Señor en Éxodo 20:7 (NVI): "No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera. Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera".

Dicen algunos que nuestro carácter se refleja en lo que hacemos cuando nadie nos ve. Otros dicen que se revela cuando somos tentados a hacer el mal corriendo un mínimo riesgo de enfrentar consecuencias adversas. Sea lo que sea, Jesús no quiere hipócritas en sus filas, sino personas que están dispuestas a reconocer su pecado cuando fallan pero cuyo corazón tiene la actitud de no convenir con él. La palabra tolerancia no aplica en la vida del creyente al hablar de pecado, sino en el momento de amar a los demás. El asunto es, pues, tener un compromiso de vida que implica no pactar con el enemigo y rechazar la connivencia con el pecado, entendiendo que aunque ocasionalmente caigamos en él, ya no constituye para nosotros una práctica de vida.

Mi invitación de hoy es para que repitas con el salmista: "Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno" (Salmo 139:23-24, NVI). Si en este examen el Señor saca a la luz cosas que no están bien, arrepiéntete, pídele perdón y ruégale que te transforme para que veas realmente Su asombrosa gracia en acción.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN


miércoles, septiembre 13, 2006

SENDAS DERECHAS

"Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella. Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. "Hagan sendas derechas para sus pies", para que la pierna coja no se disloque sino que se sane.
(Hebreos 12:11-13, NVI)



Hay ciertos momentos en la vida en los que el silencio de Dios nos parece mucho más desconcertante de lo habitual, momentos en los cuales las rodillas están debilitadas de tanto estar hincado sobre ellas clamando al cielo por una respuesta, así no sea la que esperamos. Momentos en los que nuestras manos se cansan de estar elevadas hacia lo alto sin encontrar eco.

Cuando cojeamos, esperamos sanidad, particularmente cuando vamos al médico divino, al médico del alma, para que derrame un bálsamo fresco sobre nuestras heridas y nos cure. No solamente de la cojera física, sino sobre todo de la emocional y de la espiritual. Pero cuando no sentimos que nuestras oraciones son contestadas, pensamos: "me voy a dislocar". Y el diccionario dice que dislocar es sacar algo de su lugar. "Me voy a enloquecer", podría sonar más adecuado en ocasiones. Sin embargo, el autor de Hebreos nos da la fórmula: "Hagan sendas derechas para sus pies". La primera vez que leí esta frase no logré entenderla, así que tuve que remitirme al contexto original, en Proverbios 4:26 (NVI): "Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos."

Entendida en el contexto de Hebreos 12, comencé a discernir que Dios ve el proceso de disciplina justamente como un entrenamiento, uno bien especial que produce "una cosecha de justicia y paz". Hace unos días una persona a quien conozco se lesionó el tendón...¡jugando ping-pong! Aunque parezca increíble, estaba tan bajo de forma que los movimientos propios de esta actividad forzaron un organismo desacostumbrado a la práctica deportiva hasta producirle la lesión...Y eso no es lo que quiere Dios para nosotros. Nos necesita entrenados para pelear la buena batalla de la fe, para ser Su ejército de avanzada aquí en la tierra.

¿Te sientes abrumado por la disciplina de Dios? Amigo, estás en el campo de entrenamiento, y el partido está cerca. Así que endereza tus sendas, no flaquees, renueva tus fuerzas en el Señor y anímate. El Gran Médico no te va a dejar que sigas cojeando, ¡¡¡ te quiere sano y preparado para el combate !!!

Porque lo he vivido, trato de comprenderlo. El asunto es que mi foco no debe estar en mi estado anímico ni en la complejidad de las circunstancias, sino en Jesucristo de Nazareth, el Rey de Reyes, el iniciador y perfeccionador de mi fe.

Ahora mismo, cuando acabes de leer estas líneas, te invito a que cierres los ojos y le pidas al Señor que te permita enfocarte en Él y solamente en Él, y que te ayude a entender en lo profundo de tu corazón que todas las circunstancias están obrando para tu bien, porque tú Le amas (Romanos 8:28). Que te permita aceptar y recibir Su disciplina, porque no es otra cosa que un reflejo de Su gran amor por tí. Y que te de el gozo de experimentar una verdadera confianza en Él, pues es Dios quien está a cargo de todo, y tu vida no podría estar en mejores manos.

Un gran abrazo de bendición en este día,

JORGE HERNÁN

martes, septiembre 12, 2006

VICTORIA TRAS VICTORIA

"¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!"
(1 Corintios 15:57, NVI)


Hay una invitación recurrente en las Escrituras a que los cristianos vivamos una vida victoriosa. Dios es un Padre amoroso y quiere siempre lo mejor para nosotros, se nos dice, y es verdad. ¿Por qué, pues, resignarnos a la enfermedad, las dificultades económicas, el sufrimiento, etc., si son cosas que no son congruentes con la voluntad del Padre?.

Unos versículos antes Pablo nos dice que la muerte ha sido devorada por la victoria. Y si ese ha sido el destino de la muerte, nos preguntamos, ¿cuánto más no lo será el de toda adversidad?

"Victoria tras victoria" es una expresión tan manida entre el pueblo cristiano que ya me estaba autoconvenciendo que debía figurar en la Biblia. Pero no la encontré. En cambio, sí hace parte de un precioso himno que dice entre otras cosas: "Caminando por la senda voy, de prueba en prueba, victoria tras victoria...". Y en este cántico está el secreto del tema: la victoria siempre es un resultado, pero está precedida por una lucha, la cual a menudo implica una prueba. Un cristiano victorioso es entonces el que ha salido vencedor después de una contienda, no el que ha llevado una vida plana y sin sobresaltos.

El diccionario de la Real Academia trae dos interesantes definiciones de la palabra victoria. La primera: "Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.". ¡Qué interesante encontrar en el núcleo de esta definición el hecho incuestionable de que la victoria implica una disputa! Para algunos es una tremenda guerra espiritual contra las asechanzas del enemigo, para otros puede ser una batalla contra la enfermedad, o contra la ruina...Para otros la lid es eminentemente emocional, pues el rival son las pasiones propias de la carne. Veamos la segunda definición: "Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones". Maravilloso, ¿verdad?. El diccionario lo refrenda: no esperes victoria sin lucha.

En algunos deportes se utiliza el término "ganar por W", lo que sucede cuando el rival no se presenta. Pero en nuestro andar cotidiano Satanás, el mundo y la carne están presentes todo el tiempo y nos obligan a jugar el partido.

Hoy tú, al igual que yo, estás jugando un partido. Y como en los deportes, no hay dos partidos iguales. Y el tuyo solo puede analizarse desde tus circunstancias particulares. Solamente entendamos que esa promesa contenida en la cita de 1 Corintios 15:57 es absolutamente cierta y veraz, pero que no podemos desconocer el contexto en el que se cumple. Quizás el punto de la lucha en el que estás sea el más intenso pero finalmente hay una promesa divina para todos los que estamos disputando ese encuentro. Confía en Dios, y Él hará.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, septiembre 11, 2006

NO TE OLVIDES

"Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios"
(Deuteronomio 8:11a, NVI)

¡Qué advertencia más significativa la que nos hace Dios en esta cita! Porque nos creó, conoce nuestro corazón y sabe cuán engañoso es y cuánta capacidad tiene de tergiversar la realidad. Los versículos siguientes nos recuerdan algunas de las circunstancias en las que podemos pasar por alto la obra de Dios:
* Cuando nuestras necesidades materiales están satisfechas
* Cuando adquirimos una vivienda
* Cuando nuestros negocios son prosperados
* Cuando aumenta nuestro patrimonio

Pero este catálogo no es tajante. Hay cientos de circunstancias en las que, habiendo atravesado el Jordán, tenemos la tentación de olvidarnos del Dador, de quien puso los recursos, allanó los caminos y nos favoreció con Su gracia. "No se te ocurra pensar: Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos" - continúa el Señor - "Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados" (Deuteronomio 8:17-18).

Normalmente afirmamos que jamás haríamos tal cosa. Como discípulos de Cristo, estamos seguros de que toda la gloria le cabe a Él; sin embargo, con frecuencia se la robamos, olvidando que Él no tiene porque compartirla con nadie. Frases como: "este es el fruto de años de trabajo", "harto me ha costado", y otras parecidas, demuestran la habilidad que tenemos para deslizarnos en la trampa del ego y atribuirnos a nosotros mismos el mérito por cada logro. Dicen los sociólogos que los seres humanos tenemos una enorme necesidad de reconocimiento, así que somos los primeros en la fila para aplaudirnos a nosotros mismos por lo que erróneamente afirmamos es el resultado de nuestra gestión.

No te olvides, ten cuidado, recuerda quién te dió los dones, quién puso los medios, quién es el artífice. Imagina una guitarra perteneciente a un gran músico diciendo después de un concierto: "¡Qué gran afinación la mía! ¡Cuánta calidad la de mi madera! ¡Cómo sueno de bien!". El intérprete le diría: "Discúlpame, pero ¿qué sería de tí si no fuera yo quien te afinara y quien sacara los acordes necesarios para fabricar tan espléndidas melodías?"...Y algo semejante es lo que el Señor nos quiere recordar hoy, es decir, que somos simples instrumentos, Él es el artista. Las palmas son para Él, y solamente para Él.

Cualesquiera sean tus logros hasta el día de hoy, eleva una mirada al cielo y da las gracias al Dios a quien sigues y sirves. Adórale por ser el autor último de cada uno de esos logros, y dále la gloria...

"Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: !!Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro" (Apocalipsis 19:1).

Un abrazo de bendición,

JORGE HERNÁN

jueves, septiembre 07, 2006

PRUEBA DE FE

A esa hora, Jesús gritó con mucha fuerza: "¡Elí, Elí!, ¿lemá sabactani?". Eso quiere decir: "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?"
(Mateo 27:46, LBLS)

Sensación de abandono. Jesucristo, el Rey de Reyes, Señor de la creación, la experimentó en la cruz del calvario en medio de una terrible agonía. La debió haber sentido José, preso en una cárcel de Egipto por causa de una injusticia, a pesar de haber visto en sueños aún a sus hermanos postrándose ante él. Muy seguramente la experimentó Abraham, en su penoso viaje hacia el monte de Moriah para sacrificar a su hijo, fruto de la promesa divina y compañía suya en la vejez. La debió haber vivido Job, viendo cada día como las cosas iban de mal en peor a pesar de ser él un hombre justo.

Esa misma sensación la experimentaron grandes héroes de la fe de los cuales nos habla el autor de Hebreos: "Mucha gente se burló de ellos y los maltrató, y hasta los metieron en la cárcel. A otros los mataron a pedradas, los partieron en dos con una sierra, o los mataron con espada. Algunos anduvieron de un lugar a otro con ropas hechas de piel de oveja o de cabra. Eran pobres, estaban tristes, y habían sido maltratados" (Hebreos 11:37, LBLS). Y al final del relato se nos dice que ninguno de ellos recibió lo prometido a pesar de alcanzar buen testimonio mediante la fe.

Convertirte en cristiano no cambia las circunstancias de la vida de la noche a la mañana, a pesar de que algunos predican un evangelio exitista y de corte "light"; lo que ciertamente cambia, o al menos debiera cambiar, es la forma de percibir la realidad.

Pero eso no excluye que, al igual que ocurrió con nuestro Señor y con tantos otros hombres y mujeres de fe, en ocasiones sintamos abandono. Pero, como dice Phillip Yancey, "los brazos del Señor son largos y abrazan a aquellos que él ama, no solamente en momentos de prosperidad y alegría, sino especialmente en momentos de tormento" (La Biblia que leyó Jesús, Editorial Vida, 2003, pp.44-45).

Enfrentarse a una enfermedad que parece no mejorar, a una situación de injusticia o abuso, a una crisis matrimonial que aparentemente no tiene salida, a un problema judicial que se enreda cada día más, a una dificultad financiera para la cual no parece haber provisión por ninguna parte...estas y muchas otras situaciones nos dejan en una situación de extrema invulnerabilidad en la que necesitamos de modo especial afianzarnos en nuestra fe, la cual está siendo probada y al mismo tiempo fortalecida.

Cuando nuestro entorno no está respondiendo a las expectativas que tenemos ni a la fe que proclamamos, es fácil hacer el tránsito de la fe ciega a la duda cínica, pero caminar en el centro de la voluntad del Señor supone situarnos en el centro de ambos extremos, y entender como dice un autor que no es Dios quien realmente nos abandona, sino la imagen que nos hemos construido de Él. Una imagen falsa que parte del supuesto de que bajo Sus alas jamás experimentaremos dificultades, y que no corresponde para nada al Dios que se nos revela en las Escrituras.

Sin embargo, la Palabra es clara cuando dice que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). Él no cambia. Por lo tanto, sigue siendo amoroso, misericordioso, poderoso, sabio, etc., etc. Y si nuestra confianza está puesta en Dios y nuestra vista centrada en Él, entonces no hay nada que tener. Podemos confiar en que Dios nunca se equivoca y en que su promesa de Romanos 8:28 se cumplirá fielmente en nuestra vida: "Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito" (NVI). Tú y yo sabemos que así es. Así que simplemente, confiemos en Aquel que dio su vida por nosotros, y esperemos que Él haga lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

lunes, septiembre 04, 2006

PRUEBEN Y VEAN

"Busqué al Señor, y él me respondió;
me libró de todos mis temores.
Radiantes están los que a él acuden;
jamás su rostro se cubre de vergüenza.
Este pobre clamó, y el Señor le oyó
y lo libró de todas sus angustias.
El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
a su lado está para librarlos.
Prueben y vean que el Señor es bueno;
dichosos los que en él se refugian"
(Salmo 34:4-8, NVI)



El Salmo 34 es uno de mis favoritos y me reconforta especialmente en momentos difíciles. Algunas versiones se refieren a él como el salmo de "la protección divina" y su mensaje es, en esencia, que Dios cuida de los suyos. Entiendo que el aferrarme a la verdad revelada para mí en la Palabra de Dios debe ser algo que trasciende mis propias limitaciones y dificultades.


Cuando atravesamos por desiertos es particularmente grato encontrar que buscar el rostro del Señor trae para nosotros al menos los siguientes resultados: 1. Nos libra de todos nuestros temores y angustias; 2. Genera en nosotros una dicha tan grande que nuestros rostros se vuelven radiantes; 3. El ángel del Señor establece su campamento a nuestro alrededor para librarnos de todo ataque del enemigo. Y lo mejor de todo está en el versículo 8, en el que Dios mismo nos invita a probar Su extrema bondad.


En cuanto a lo primero, estoy seguro que todos afrontamos diversos tipos de temores en nuestra vida, desde los más sencillos hasta los más sofisticados. Dicen algunos sicólogos que en el fondo todo temor es una manifestación del miedo a la muerte, pero sea lo que sea lo único absolutamente cierto es que el Señor promete librarnos de todos nuestros temores, no importa cuán bien fundados estén, qué tan arraigados estén en nuestro corazón y nuestra mente, hace cuántos años los padezcamos o qué tanto hayamos hecho por tratarlos. Solo hay una cura posible, y está en Dios. Personalmente, me gusta acercarme a Él como el Padre amoroso que es, a veces sollozando incluso, y decirle: "Papito, abrázame, tengo miedo". Entiendo que Él empieza a trabajar en mí cuando reconozco que lo estoy sufriendo y que necesito desesperadamente su ayuda. Y sé que no falla. Hay temores que son recurrentes, lo sé, pero ninguno estan fuerte como para sobreponerse a la presencia divina en mi vida. Prueba y verás.


Con respecto a lo segundo, es algo más complejo, pero entiendo que cuando el nivel de comunión con Dios crece hasta niveles en los que nuestra intimidad con Él se consolida, la búsqueda de Su rostro trae a mi vida no solo la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) sino algo más: satisfacción plena que se traduce en dicha. Un rostro radiante es el reflejo del poder y el amor de Dios obrando en nosotros, aún en medio de las más fuertes dificultades. Puedo decir que he experimentado esa sensación en varias ocasiones,aunque tengo que reconocer que en otras no lo he alcanzado por causa de mi propia falta de intimidad.


Y en cuanto a lo tercero, ¡qué maravilloso es saber que Dios es nuestro refugio! No solamente nos quita los temores que se han albergado en nuestra vida por causa de los ataques pasados, sino que nos libra de los ataques presentes y levanta un muro de protección contra los ataques futuros. No hay mejor aliado que el Señor Todopoderoso, Dios de los ejércitos, para guardar mi integridad y protegerme. Con razón dice la Escritura que si Dios está con nosotros, quién contra nosotros (Romanos 8:31).


Hoy te invito a que ores sobre esta Palabra y pidas al Señor que haga en tu vida lo que tiene que hacer para que se cumpla. Da lugar a que la bondad de Dios sea probada en tu vida.


Bendiciones sobreabundantes en Cristo,


JORGE HERNÁN

viernes, septiembre 01, 2006

DISCIPLINA

"El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento"
(Proverbios 15:32)



Ayer estuve repasando mi diario espiritual de estos últimos cuatro meses y me encontré con una palabra recurrente: disciplina. Esta palabra tiene una raíz común con discipulado, lo cual parece sugerir que están directa y fuertemente vinculadas. Un discípulo de Cristo idealmente debiera trabajar en su disciplina personal de una manera constante y planeada para abrir campo en su vida al cumplimiento de los propósitos de Dios.

Cuando la disciplina no juega un papel importante en nuestro corazón, hay otras cosas que toman ventaja: los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Y al tomar ventaja dejan una huella en nuestra vida tan marcada que se nota que estamos perdiendo el foco de quien debiera ser nuestro centro de adoración.

La Palabra (2 Timoteo 1:7) dice que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio, y para mí es claro que cuando ejercito la disciplina puedo desarrollar un importante nivel de autocontrol en mi vida con el cual puedo alcanzar el nivel de dominio propio necesario para poder liberar el poder de Dios en mi vida y extenderlo a otros con amor. Para esto hay dos caminos: o tomar la decisión voluntaria de trabajar en ello con la ayuda del Señor, o descuidarme y dejar que sea Dios, como Padre amoroso que es, quien asuma la decisión de intervenir en mi vida para disciplinarme, formarme y corregirme.


Si opto por lo segundo, quizás me voy a encontrar atravesando desiertos que yo mismo estoy provocando con mi actitud. Por el contrario, cuando entiendo que necesito trabajar en esta área aprendo que cuando doy lugar al sueño, la gula, la ira, el ego, las ganas de algo, etc., realmente lo que estoy haciendo es ceder terreno en el campo espiritual al enemigo y perder dominio propio.

Para mí este es un reto grande. Soy consciente de que mis propias falencias abren flancos que no debieran quedar desprotegidos, y ese repaso de mi diario me recuerda que necesito trabajar ardua y perseverantemente en mi propia disciplina.

Mi invitación hoy es a que no tengas en poco la disciplina, y a que cultives el entendimiento optando por examinarte y trabajar en las áreas en las que tengas que hacerlo.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN



miércoles, agosto 23, 2006

CRESTAS Y VALLES

"Pero este precioso tesoro lo guardamos en la vasija de barro que es nuestro cuerpo, y así resulta evidente que el poder maravilloso que está en nosotros no es nuestro, sino única y exclusivamente de Dios. Por eso, aunque los problemas nos acosan, no nos angustian; aunque nos vemos en apuros, no desesperamos; nos persiguen, pero Dios no nos abandona; nos derriban, pero no nos destruyen..."
(2 Corintios 4:7-9, Castilian)


Ya perdí la cuenta de cuántas veces en consejerías, predicaciones, charlas o simples conversaciones de cafetería he repetido la frase: "Cuando todo lo demás pase, solo Dios permanecerá". Hace mucho tiempo tengo claro que nuestro trabajo, la profesión que tenemos, nuestro status económico, los amigos que nos rodean, nuestra salud y aún nuestra familia son estrictamente incidentales. Son bendiciones, es cierto, pero lejos de ser lo esencial, son la añadidura.


Y hoy tengo que recordarme a mí mismo esa frase porque quizás estoy atravesando uno de esos momentos absolutamente formativos y maravillosos en el que solamente la certeza de estar en la palma de las manos de mi Señor y la convicción de que Él es mi reposo me permiten avanzar en la vida sin angustiarme, ni desesperarme porque el Dios que nunca me abandona no permitirá que sea destruido.


El otro día describía mi experiencia con Dios como una montaña rusa y en general, así es la vida. Es natural que tenga altibajos, y usualmente hay crestas seguidas de valles. Cuando estamos en la cima de la cresta y todo parece sonreirnos, a veces perdemos esta perspectiva. Los momentos de gozo y el sentir que las cosas nos están saliendo bien, y a veces más que bien, nos hacen olvidar rápidamente, o al menos archivar en el disco duro de nuestra memoria, los instantes amargos y los desiertos por los que hemos transitado. Una visión centrada, sin embargo, nos ayudará a recordar el curso normal de la vida y a comprender que los altibajos hacen parte del libreto.


Sea que tú, que estás leyendo estás líneas, vayas cuesta arriba o estés descendiendo desde la cima, no olvides que estás en las manos de Dios y que Su voluntad es buena, agradable y perfecta según lo que establece Romanos 12:2. En la palma de Su mano tú y yo estamos seguros. Es un buen momento para que lo tengamos presente.


Personalmente, quiero hacerte hoy una petición. Ora por mí, para que este tiempo siga siendo dirigido por Dios y todo se aclare. Yo oro por tí, para que el Señor te fortalezca y anime, y todas las cosas te salgan bien.


Bendiciones,


JORGE HERNÁN

miércoles, agosto 09, 2006

VIDA ABUNDANTE

"El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia"
(Juan 10:10, RV60)

¿Qué clase de vida quieres disfrutar aquí y ahora? Muchos nos hemos quedado con el paradigma de una vida plena que comienza después de la muerte. Pero la vida abundante y eterna de la que habla el Señor empieza para nosotros una vez le aceptamos y recibimos como Señor y Salvador de nuestras vidas. No tienes que esperar para "pasar a mejor vida", mejor disfrútala desde ya.

La calidad de vida de la que tanto se habla hoy alcanza su óptimo cuando vivimos en Cristo y somos llenos de su amor que excede tono conocimiento. Por algo dice la Escritura que en Él estamos completos (Colosenses 2:10). Esto significa que cuando alcanzamos comunión con Él y llegamos a la perfecta unidad, ya nada nos falta.

La vida cristiana es mucho más que congregarse bajo la cobertura de una determinada denominación, es mucho más que leer la Biblia e incluso tener un tiempo devocional todos los días, es mucho más que orar y adorar...de hecho, todo lo anterior surge de la realidad de una experiencia personal, vívida y real con Dios que nada ni nadie nos puede arrancar ni controvertir. Esa experiencia traducida en cotidianeidad es la que genera en nosotros transformaciones profundas de adentro hacia afuera y es la que sin duda nos lleva a ser verdaderamente discípulos de Cristo. Tristemente, a veces nos quedamos en la superficie, andando en un cristianismo mediocre en el cual desperdiciamos bendiciones por no estar suficientemente preparados para canalizarlas.

Si es el deseo de tu corazón, te invito conmigo a repetir esta breve oración: "Señor, allana el camino en mi corazón para que pueda hacer de él tu casa de habitación y para que así mismo pueda yo morar para siempre en Tu presencia. Yo en tí y Tú en mí, como siempre lo anhelaste. Quiero vivir una vida plena y abundante, porque para eso viniste y yo deseo que este plan tuyo se haga realidad en mí. Te alabo Cristo. Amén".

Que la gracia de Dios siga llenándote,

JORGE HERNÁN

jueves, agosto 03, 2006

LLAMADOS

"Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás"
(2 Pedro 1:10, NVI)


¿A qué fuimos llamados? Sabemos que nuestra vida tiene un propósito y que el Señor espera que lo cumplamos a cabalidad. Sin embargo, tristemente, muchas personas no se mueven en dirección a ese propósito por no tener claridad en cuanto a su llamado. Piensan que "servicio" es una palabra que está ligada al desarrollo de un ministerio dentro de la iglesia y quizás sienten que no encajan en ningún ministerio. Pero hay buenas noticias: el Señor es quien nos da los dones y nos capacita para realizar efectiva y eficazmente nuestro llamado.

Y hay algo más. La Escritura nos dice por lo menos diez cosas a las que fuimos llamados, verdades que son de aplicación universal, real y viva para la iglesia del Señor a la cual tú y yo pertenecemos. ¿Cuáles son? Dice la Palabra que hemos sido llamados:

* A ser hijos de Dios (Mat 5:9)

* A ser santos (Ro 1:7, 1 Cor 1:2)

* A ser salvos (Jud 1:1)

* A ser libres (Gál 5:13)

* A ser herederos de bendición (1 Pe 3:9)

* A ser amigos de Cristo (Jn 15:15, Stg 2:23)

* A ser sacerdotes del Señor (Isaías 61:6)

* A tener comunión con Jesús (1 Cor 1:9)

* A vivir en paz (1 Cor 7:15)

* A la vida eterna (1 Tim 6:12)

Quiero que Dios me llene de Su amor, Su gracia y Su poder para poder atender el llamado. Pero algo tengo claro: estos principios son válidos para tí y para mí, y no tengo que buscar mucho para saber si es la voluntad del Rey de Reyes que yo camine en ellos y que los haga vida en mi vida. Te invito a que si no está ocurriendo así contigo, empieces hoy a ponerlos en práctica. Más que tu llamado, son tu legado.

Que el Señor te siga bendiciendo,


JORGE HERNÁN

miércoles, julio 26, 2006

DEL OTRO MUNDO

"Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto. "
(Romanos 12:2, BLS)

Necesitamos aprender a pensar a la manera de Cristo para cambiar nuestra manera de vivir y entender cómo mantenernos en el centro de la voluntad de Dios. Para muchos de nosotros, sin embargo, se ha vuelto normal lo que para Dios es antinatural. Nos bombardean frecuentemente con mensajes de tolerancia, que realmente no corresponden a un concepto bíblico sino a una tendencia relativista según la cual todo es válido y legítimo dependiendo del punto de vista subjetivo de quien lo afirme y/o lo viva. Y a veces caemos en la trampa satánica de regir nuestras vidas de acuerdo con la presión de las mayorías en lugar de afianzarnos en la roca que es Cristo y vivir como Él quiere que lo hagamos.

¿Para qué nacimos de nuevo? "...Para traer gloria a Dios siendo normales, como lo fue Jesús. Gracias a su verdad, podemos saber qué es normal. Por su victoria, podemos andar normalmente...Nosotros somos cristianos. No somos gente común. Hemos sido apartados. No nos conformamos a este mundo. Somos personas transformadas." (Arterburn y Stoeker, Prepare a su hijo para la batalla de cada hombre, página 85. Miami, Editorial Unilit, 2004).

Somos seres de otro mundo, es verdad. Del mundo de lo sobrenatural y lo divino. Y tenemos que vivir nuestra ciudadanía aunque estemos de paso por esta tierra. Peregrinos y extranjeros, estamos llamados a mantenernos arraigados en las costumbres y hábitos de nuestra patria celestial, aunque sean diferentes de los que prevalecen entre nuestros vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Nuestro llamado es a ser sal y luz, no a dejarnos contaminar. "¡Conviértanse ellos a ti, mas tú no te conviertas a ellos!", nos advirtió el Señor en Jeremías 15:19. Y más vale que nos preguntemos a nosotros mismos si estamos transigiendo con lo que no es negociable. Siempre habrá argumentos para hacerlo.

Dios nos ha llamado a ser santos (1 Pedro 1:15-16) así que necesitamos la guía del Espíritu Santo para caminar en santidad sin caer en la falsa tolerancia ni tampoco en la religiosidad. Quizás nuestra mente esgrima muy buenas excusas para justificar lo que decimos o hacemos o dejamos de hacer y que se aparta de la voluntad de Dios. Pero a Él no podemos engañarlo.
Necesitamos fortalecernos en nuestro Señor y Salvador para que Él genere en nosotros esa transformación.

Un abrazo de bendición,

JORGE HERNÁN

martes, julio 25, 2006

SOLO CON EL PODER DE DIOS

"David le contestó: Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado"
(1 Samuel 17:45)

A veces caemos con facilidad en el error de creer que debemos enfrentar las circunstancias de la vida en nuestras propias fuerzas. Cuando el Señor llamó a Moisés (Éxodo 3:7-4:17), él argumentó: "¿quién soy yo para hacer la tarea que me has encomendado?", "¿de parte de quién voy a decirles que estoy haciendo ésto"?, "¿y si no me creen ni me hacen caso?" y "¿qué pasa si no logro expresarme adecuadamente?". Todas sus excusas estaban centradas en él mismo, porque su enfoque estaba en sí mismo y no en Dios. Viéndolo en la distancia y el tiempo, nos resulta fácil señalar que ese no era el enfoque correcto, pero tristemente con frecuencia caemos en lo mismo y olvidamos que hay tareas que solo podemos cumplir con el poder de Dios y en Su Santo nombre.

Lo que a los ojos humanos parece absurdo e increíble, para Dios es simple y sencillo. Que las murallas que circundan una ciudad caigan al tocar de las trompetas. Que un fornido gigante guerrero sea derrotado en el campo de batalla por un adolescente en evidentes condiciones de desventaja física. Que las aguas de un río turbulento se separen y todo un pueblo pueda cruzar por en medio de él. Que tres muchachos salgan airosos de un horno de fuego. Que un hombre camine sobre las aguas. Que un ciego de nacimiento vea por primera vez en su vida. Que un pescador inculto se dirija con elocuencia y entusiasmo a las multitudes. Que un hombre salga de una cárcel en la que se encuentra fuertemente custodiado....Tantas cosas....

Para Dios no hay grandes retos. "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apocalipsis 1:8). Cuando estamos con Él, no deben atemorizarnos las situaciones adversas ni podemos dejarnos amedrentar por los desafíos de la vida. El que está con nosotros es el Todopoderoso, para el cual no hay imposibles. Nada es difícil para Él. Dice la Escritura (Isaías 59:1): "He aquí, no se ha acortado la mano del Señor para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír". Como sabemos que es el mismo ayer, hoy y siempre, nada tenemos que temer. Él está a cargo, Suya es la guerra.

Decía David McLendon el otro día que cuando en nuestro corazón hay sembrada una visión que parece imposible de alcanzar, ha sido puesta por Dios. A Él le encantan nuestros "imposibles" porque con Su poder se resuelven de una manera sencilla.


Nuestro problema es de apreciación. Si de verdad entendiéramos y creyéramos que nuestra responsabilidad es la de ser pues Dios es el que se ocupa de hacer, tendríamos sin duda una vida más tranquila. Y de mayores y más excelentes resultados.

Bendiciones,



JORGE HERNÁN

sábado, julio 22, 2006

¿VEMOS?

"Entonces dijeron otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de El, ya que te abrió los ojos? Y él dijo: Es un profeta"
(Juan 9:17, LBLA)

No sé tú, pero yo quisiera ser como aquel ciego. Quisiera que Jesús me abriera los ojos para verle. A veces las circunstancias de la vida parecen ser tan sombrías que es como si nos apagaran la luz de los ojos espirituales. Lucas 8:20 (LBLA) nos da cuenta de la siguiente situación: "Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte.". Queremos ver a Jesús. ese fue el pedido de su familia. ¿Y la respuesta de Jesús? (v.21): "Pero respondiendo El, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen." ¿Sabes qué te hace parte de la familia de Cristo? Hacer la voluntad de Dios. Cuando le pides a Jesús que quieres verle, Él responde: "haz mi voluntad".

A veces siento que necesito un milagro, y es que Jesús mismo venga y abra mis ojos. Yo quiero verle. Quiero saber que está ahí, a mi lado, cuidando de mí y dispuesto a obrar cosas grandes en mi vida. Quiero decir que no solamente de oídas lo había oído sino que ahora mis ojos lo ven (Job 42:5). Y sé que Él oye mi clamor. Y me dice: muéstrame tu amor a través de tu obediencia, y como respuesta a tu amor verás mi gloria.

Entiendo que debo caminar en el centro de Su voluntad y buscar amarlo. Haz tú lo mismo, si quieres verle.

Dios te bendiga,

JORGE HERNÁN

jueves, julio 13, 2006

COSAS GRANDES Y OCULTAS

"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces"
(Jeremías 33:3)


Lunes en la noche. Un amigo pide oración por su esposa, quien lleva varios meses sometiéndose a diversos exámenes médicos que parecerían sugerir la presencia de un cáncer. Ambos conocen de Dios, aunque para mi amigo este conocimiento se ha acrecentado enormemente en el último año, después de haber tomado una decision de fe para seguir a Jesucristo. Aunque los últimos resultados no lucen muy alentadores, él dice que está seguro de que solamente Dios puede sanarla por completo.


Martes en la noche. Estoy en una iglesia cristiana escuchando a una pareja contar el testimonio de 16 años atrás, cuando escogieron la opción de vida para el hijo que esperaban, el cual tenía espina bífida y otras anomalías que hicieron a su doctora sugerirles que abortaran. Casi al final, el muchacho pasa al frente y da gracias a Dios y a sus padres por darles la oportunidad de disfrutar una puesta de sol, una reunión de amigos, un concurso de oratoria...Stephen Field, con espina bífida, es el ejemplo claro de un milagro viviente de fe y obediencia. En su angustia, en medio de su profundo dolor, un día sus padres clamaron a Dios y Él les respondió mucho más allá de lo que esperaban.

Martes en la noche. Al salir de la reunión recibo en mi celular la llamada angustiosa de una amiga que acaba de perder a su hermano. No siempre hay respuestas claras a las circunstancias que enfrentamos. Pero en medio del sufrimiento hay algo claro: si hay alguien que nos puede dar paz es Jesucristo. Solamente Él nos puede brindar tranquilidad en medio de la situación más tormentosa. Quizás el dolor no se vaya, pero compartirlo con Dios hace que las cosas se vean de una manera sustancialmente diferente. Y al pedirle a Él la respuesta puede llegar a ser sorprendente.

Miércoles en la mañana. Comparto un café con una amiga a quien la vida parece estar sonriéndole especialmente. Meses atrás, todo parecía lúgubre y los ataques en prácticamente todos los frentes de su vida llegaron a cuestionarla y desanimarla profundamente y aún su familia y sus amigos llegaron a plantearse grandes interrogantes con respecto a su fe. Sin embargo, en todo momento ella ha tenido claro que solamente en Cristo estaba la respuesta. Después de un proceso difícil en el que se vió confrontada en muchos aspectos, hoy todo parece estar marchando.

Jueves en la mañana. Al llegar a mi oficina leo un correo maravilloso de una amiga que comparte el testimonio de su madre, quien después de padecer incontinencia por 30 años, escogió creerle a Dios y Él la sanó. "Escuchó en la emisora que un pastor estaba orando por sanidad y ella se puso a orar por los enfermos...Cuando al finalizar la oración el pastor pidió por las personas que tuvieran la vejiga caída y ella se arraigó a esa oración y clamó al cielo y le dijo al Señor: Padre, ten compasión de mi, llevo 30 años con este problema, por favor escucha mi oración". Hoy dice que Dios le dió una nueva vejiga, aunque desde el punto de vista humano esto pareciera ser imposible.

Distintas historias. Algunas concluidas, otras que apenas empiezan. Pero todas tienen un elemento en común: un Dios atento a nuestras oraciones y ansioso por sorprendernos con Su respuesta. Y hay algo mejor: Dios también anhela despertar en nosotros el deseo de ser asombrados por Su gracia y misericordia. Hay mucho de Dios que no nos ha sido revelado, y Él se nos revela como persona cada vez que interviene en nuestras vidas de una manera sobrenatural.

En este día quiero animarte a que le pidas y a que te dispongas a ver el poder divino en acción.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN

viernes, julio 07, 2006

AHORA

"Porque dice: «En tiempo aceptable te he oído,y en día de salvación te he socorrido». Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación"
(2 Corintios 6:12, RV95)

¿Sabes cuándo quiere Dios empezar a obrar de una manera poderosa en tu vida? Hoy. Ahora mismo. Donde estás. En el lugar en que te encuentras. En este preciso momento de tu vida. En medio de las circunstancias que estás atravesando. Por eso dice que el "tiempo aceptable" ha llegado ya.

Los seres humanos por naturaleza nos quedamos aguardando a veces una señal milagrosa que nos indique que el momento que esperamos ya ha llegado. Pero el autor de Hebreos nos alerta: "Por eso, Dios volvió a fijar un día, que es "hoy", cuando mucho después declaró por medio de David lo que ya se ha mencionado: Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón." (Hebreos 4:7).

El Señor actúa y se mueve en un eterno presente, y el presente es el tiempo en el cual quiere manifestarse con todo Su poder y gloria. Cuando nosotros nos sintonizamos con Su manera de vivir, entendemos que en la vida cristiana no hay lugar para el aplazamiento ni para la posposición. Hasta Judas oyó de labios de Jesús: "¡Lo que vas a hacer, hazlo enseguida!" (Juan 13:27, Castilian). En lugar de esperar que alguien nos haga una seña para dar la largada, conviene que oigamos la voz de Dios, quien espera que nos pongamos en marcha (Éxodo 14:15).

En mi reflexión de mayo 10, decía: "Quizás estás posponiendo decisiones a la espera del momento preciso. Pero solamente Dios conoce el futuro y quizás ese mañana no será como lo esperas. Ama hoy. Sirve hoy. Perdona hoy. Emprende hoy. Comparte hoy. Aprende a mirar la vida con una perspectiva eterna, Dios la puso en tu corazón para eso. Y entiende que "hoy" es apenas un punto en la eternidad, pero es el punto crucial en el que Dios te llama la acción."

Ahora es el tiempo de Dios. Si tienes algo que hacer, házlo ya. Y disponte a ver a Dios obrando de una manera verdaderamente asombrosa en tu vida.

Bendiciones,

JORGE HERNÁN


jueves, julio 06, 2006

LA ESPERANZA QUE NUNCA SE PIERDE

"He aquí, aunque él me matare, en él esperaré" (Job 13:15a, RV60)



¿En quién tengo puesta mi esperanza? Cada vez que enfrento una situación adversa me veo confrontado a hacerme la misma pregunta. Debo autosincerarme para encontrar si aún mi confianza está puesta en mis propias habilidades o en mi capacidad o en las circunstancias o en un tercero, o qué se yo... o si realmente en quien espero es en el Dios de mi salvación. Al final, solo puedo concluir con Job que, pase lo que pase, mi esperanza solamente puede estar puesta en mi Dios y Señor. Si hay puertas que se me abren, es Él quien las abre. Si hay personas que me ayudan, es porque Él ha puesto en sus corazones el deseo de hacerlo. Si las circunstancias me favorecen, solamente es porque Dios ha cambiado el rumbo de las mismas para que el viento sople en mi favor... No hay golpes de suerte, algún filósofo dijo que el azar es el seudónimo que utiliza Dios cuando no quiere firmar con su nombre, pero realmente lo que ocurre es que hay momentos en la vida de cada uno de nosotros en los que capitalizamos las oportunidades que se nos presentan utilizando todos los dones y talentos que Dios nos ha dado, y eso también viene de Él.


Pero si, por el contrario, nada parece salir como yo quisiera. En aquellos instantes en los que las circunstancias lucen sombrías y no se vislumbra fácilmente la claridad al final del túnel. Cuando percibimos con mayor facilidad las sombras que la luz que las proyecta. Cuando nos sentimos atribulados, perplejos, perseguidos e incluso derribados - como lo describe magistralmente Pablo en 2 Corintios 4:8-10. En momentos así es cuando más necesitamos poner los ojos en Jesucristo de Nazareth, el autor y consumador de nuestra fe, y pedirle que nos de una perspectiva correcta de lo que estamos viviendo. Y allí, desde su perspectiva, entenderemos la realidad de una manera completamente diferente, y podremos decir con Job: He aquí, aunque Él me matare, en Él esperaré. No hay mejor opción. Jesucristo siempre es la mejor alternativa.


Quiero invitarte hoy a que le digas al Señor que abra tus ojos y te permita contemplar, como dice una canción, Su majestad y el resplandor de Su gloria. Que hoy puedas ver la vida desde Su punto de vista en lugar de juzgarlo a Él desde el punto de vista de tus circunstancias.

Dios te ama. Y me ama. Y quiere que tengas una vida plena y abundante. No te conformes con menos.

Bendiciones en Cristo,

JORGE HERNÁN

miércoles, junio 28, 2006

MARINEROS AL GARETE

"Se hicieron a la mar en sus barcos; para comerciar surcaron las muchas aguas.
Allí, en las aguas profundas, vieron las obras del Señor y sus maravillas.
Habló Dios, y se desató un fuerte viento que tanto encrespó las olas
que subían a los cielos y bajaban al abismo. Ante el peligro, ellos perdieron el coraje.
Como ebrios tropezaban, se tambaleaban; de nada les valía toda su pericia.
En su angustia clamaron al Señor, y él los sacó de su aflicción.
Cambió la tempestad en suave brisa: se sosegaron las olas del mar.
Ante esa calma se alegraron, y Dios los llevó al puerto anhelado.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor, por sus maravillas en favor de los hombres!"
(Salmo 107:23-31, NVI)


Me impacta este texto del Salmo 107. En lo personal, siento que con frecuencia he obrado como los marinos mercantes de los que habla el salmista: confiando en mi pericia. El gran engaño es creer que nuestras habilidades y talentos bastan siempre para librarnos de las tempestades y tormentas de la vida. Construimos con facilidad castillos en nuestra mente y nos autoconvencemos de nuestra suficiencia. Y cuando ello ocurre, el Señor se encarga de hacernos ver la realidad abriendo nuestros ojos espirituales. Perdemos el coraje y tropezamos como ebrios. Andamos dando tumbos y todas nuestras falsas seguridades se desvanecen. Nos damos entonces cuenta que lo único que cuenta es poner los ojos en el Dador en lugar de sobrevalorarnos por cuenta de los dones que Él mismo nos dió. Tambaleamos. Flaqueamos. Y nos atemorizamos porque entendemos cuán equivocados estábamos.

Releo la cita y veo que en lugar de la palabra "pericia" otras encajan perfectamente. Dinero. Salud. Posesiones. Energía. Status. Conocimiento... Son tantas las cosas que nos convierten en falsos peritos que la lista realmente sería innumerable. Pero cuando la tempestad arrecia entendemos que la única respuesta procede de lo alto. Que sólo en Jesucristo encontramos el camino, la verdad y la vida, como lo proclama la Escritura.

Entonces, ¿cuál es la salida? ¿dónde encontrar sabiduría? Aún en medio de la angustia, hay una receta infalible: clamar al Señor, al único que puede convertir el más pavoroso huracán en una "suave brisa".

Hay ocasiones en las que me pregunto cómo llegar al puerto. Quizás hoy tú estás viviendo algo similar, o lo hayas experimentado recientemente. Porque siento que las olas suben al cielo y bajan al abismo, comprendo ineludiblemente que sólo tengo una posibilidad: clamar a Dios. Y agradecerle por Su amor y Su favor. Aunque en mi limitada mente no pueda discernir el propósito, confío en que lo hay y en que solamente Cristo es el camino para arribar seguro al puerto anhelado. Y desde ya doy gracias a Dios por la calma que hará que mi corazón rebose de alegría. ¿Y tú?

Que las bendiciones celestiales te desborden,

JORGE HERNÁN